Diario de León
Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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SUCEDIÓ UN LUNES del mes de octubre. Y el buen pueblo, ansioso de poder disfrutar de representaciones que no tuvieran nada que ver ni con el Estatut de Cataluña, por el cual se puede medir con cierta exactitud la descoordinación política del país, que es España, ni con la inmigración de negros de todos los países, que no precisamente por ser negros deben sentirse condenados a figurar en el censo de los seres humanos para el deshecho. España se encuentra en un momento más que histórico, histérico, o sea en ese trance por el cual los pueblos se condenan o se salvan: Los desesperados del mundo, intentan invadir las tierras del bienestar y para ello han elegido el portón de las Áfricas un día colonias de la España de Cisneros. Los nuevos almohades, almoravides, moros y esclavos del hambre asaltan las barreras de espino y pelean hasta la muerte con las olas del mar bravío. Y nosotros, los españolitos de la conquista y de la redención de infieles, nos oponemos a esto que con harta razón se da en llamar La Marcha Negra , lo mismo que aquella famosa de La Marcha Verde , estando el generalísimo de todos los ejércitos en las últimas, que promovieron nuestros queridos enemigos de siempre, los moros de Ab-El-Krim y sus herederos. En esta situación política, militar, eclesiástica, económica y social por la que estamos pasando, precisamente cuando las porciones de la España de Isabel y Fernando amenazan disgregarse convirtiéndose en reinines de Taifas, se produce el fenómeno: El eclipse de sol. Y durante unos cuantos minutos, quedamos a oscuras, rodeados de sombras por todas partes, hundidos en ese infierno frío del Dante que es la anulación del sol por la luna. Nuevamente pelea amorosa por montarse el uno sobre el otro, de acuerdo quizá con la bíblica ordenanza de los sublevados de La Sorbona: «Amaos los unos encima de los otros». Y la luna se interpuso en nuestra libre disposición ocular. Y fue entonces cuando vimos que no veíamos. El pueblo, el buen pueblo, siempre tan ansioso de pan y de circo, se echó a la calle, se cubrió la mirada como en estado de luto por la muerte de algo, y contuvo la respiración. El fenómeno dejó suspense a la nación y dirigió su mirada atemorizada hacia sus capitanes, sus gobernantes, con tales recelos que el espectáculo del eclipse, puramente científico, se convirtió, le convirtieron los alevosos personajes que andan siempre buscando tres pies al gato, en motivo de réplica política. Y de los bancos de la perversión, siempre al lado de todas las oposiciones, culparon del eclipse a nuestro paisano y sin embargo amigo, José Luis Rodríguez Zapatero. ¡Y no, no y no! Estoy en condiciones de asegurar que en ningún momento el presidente del Gobierno tuvo intención de provocar el eclipse. Entendemos perfectamente que una situación como la del Eclipse del lunes día 3 de octubre del año de desgracia de 2005, las partes contratantes para la ocupación del poder, aprovechen lo que la naturaleza les facilite para anular a sus enemigos, pero en honor a la verdad, hemos de admitir que ni el actual gobierno socialista, ni el capitán que les manda tuvieron parte en la muerte del sol a manos de la luna. Que al sol le llaman Lorenzo/ y a la luna Catalina. Así de sencillo. Sin intervención de la Guardia Civil ni de la municipal de cada provincia.

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