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Dos policías misioneros

El Mayor de la Policía Local de Ponferrada y otro agente municipal regresan de Nicaragua tras colaborar con los jesuitas en un proyecto de ayuda a las víctimas de la violencia

Publicado por
Carlos Fidalgo - ponferrada
Ponferrada

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Las calles de Nueva Guinea, en la costa atlántica de Nicaragua, no tienen nada que ver con las de Ponferrada. Con veinte mil habitantes en su centro urbano, y otros cien mil en un extrarradio que se adentra en la selva, el barro o la falta de saneamiento son sus problemas menos graves. La violencia y la inseguridad aprietan tanto o más que el hambre. Llevados por su vocación de servicio, dos policías municipales de Ponferrada acaban de regresar de Nueva Guinea después de pasar su mes de vacaciones en la misión que dirige el sacerdote de la Diócesis de Astorga Julio Falagán. Con su estancia, ya han contribuido a poner en marcha, junto con los jesuitas de la Universidad Central de Managua, un proyecto de atención a las víctimas de la violencia. Sólo en lo que va de año, Nueva Guinea ha sufrido 52 casos de muertes violentas, con especial incidencia de la violencia de género, y las víctimas rara vez encuentran el apoyo que necesitan en un sistema judicial, policial y asistencial incapaz de ofrecer respuestas, contaba ayer el Mayor de la Policía Local, Arturo Pereira, que el pasado día 10 regresó de Nicaragua junto con el agente Carlos Escuredo. «Tener un abogado en Nicaragua no es ninguna garantía. Lo mismo te deja tirado en mitad del juicio o cambia de bando», decía Pereira al párroco de Cacabelos, Jesús Álvarez, que ha servido de intermediario para que los dos agentes colaboren en el proyecto sobre el terreno y que ayer entrevistó al Mayor en su espacio radiofónico de la cadena Cope en Ponferrada. El proyecto dotará a la misión de Julio Falagán con psicólogos, abogados y trabajadores sociales, -«profesionales honrados», recalcaba Pereira- para crear «un tejido de ayuda a las víctimas». Pereira insistía en que la credibilidad que mantiene la Iglesia Católica es en demasiadas ocasiones el único asidero para las víctimas. «Es la Iglesia la que obliga a intervenir a los jueces, los fiscales y la policía». Para el Mayor de la Policía Local, la raíz del problema está en la «sociedad desestructurada» de un país donde los rencores de la reciente guerra todavía crean «una cadena de problemas», de asesinatos y venganzas, donde el alcohol es un factor desencadenante de buena parte de los delitos, y donde «la familia no existe». «Los hombres, cuando se cansan de sus esposas, las dejan y se van con otras y lo normal es que tenga ocho o diez hijos con cada mujer». Pereira está dispuesto a volver a Nicaragua y la asignatura que tiene pendiente es el hacinamiento de las cárceles.

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