La niña «come muy bien y duerme todo el rato», según la descripción de don Felipe
Los Príncipes de Asturias presentan en sociedad a la infanta Leonor
Mantienen la idea del día de su petición de mano de tener más de dos hijos y menos de cinco La residencia de los Prín
El sueño de todos los padres. La infanta Leonor, la primogénita de los Príncipes de Asturias, «come muy bien y duerme todo el rato», según explicó ayer un orgullosísimo don Felipe en la que fue la presentación oficial de la pequeña. Siete días después de su na-cimiento, la infanta Leonor fue presentada en sociedad ante más de 300 periodistas españoles y de otros países. Dormida en brazos de su madre, la séptima nieta de los Reyes se empeñó en dejar mal a su abuela la reina Sofía, que el pasado lunes la definió como «gordita y llorona», y ni siquiera pestañeó a pesar del griterío y de los flashes. Estuvo dormida todo el tiempo. Una princesa Letizia muy recuperada y radiante para haber dado a luz hace una semana definió a su hija como una niña «muy tranquila». Según adelantó, ella se está recuperando bien de la cesárea, aunque con las típicas molestias, por lo que se irá reincorporando al trabajo en cuanto la lactancia materna se lo permita. Ni doña Letizia ni el Príncipe Felipe son capaces de decidir a quién se parece. Hasta pregun-taron a los periodistas, «juzgaz vosotros, a quién creéis», dijeron. Castaña, como ya adelantó la reina Sofía, sus mofletes fueron lo que más llamó la atención ayer. Los ojos, de momento, los tiene azules, «aunque pueden cambiar», como ya advirtió el Príncipe. Se parezca a quien se parezca, a sus padres les parece preciosa y no pararon de repetirlo. «Es mona, ¿eh? Es preciosa», comentó doña Letizia. «Es preciosa», insistía su padre. Más hijos La cesárea no le ha quitado a la princesa las ganas de tener más hijos. «Es molesta -reconoció- pero el resultado compensa. Da mucha felicidad, es una alegría enorme la niña». Preguntados sobre si tendrían más hijos, don Felipe y doña Le-tizia no pudieron evitar sonreir. El adelantó: «primero vamos a disfrutar de ella», aunque luego recordó sus palabras el día de la petición de mano en El Pardo. «Más de dos y menos de cinco», dijo. «Claro», dijo ella. La Princesa de Asturias no fue capaz de describir con palabras la emoción de ser madre. «Hay que sentirlo», afirmó. Tanto ella como don Felipe no pararon ni un segundo de prodigarle carantoñas y atenciones a la pequeña Leonor, aunque también procuraron en todo momento atender la solicitud de los cientos de fotógrafos congregados para facilitar al máximo el trabajo de la prensa. La princesa, recordando quizás su época de periodista, agradeció personalmente la espera bajo la lluvia el día del parto y pidió a todos disculpas por las molestias. Tras atender a los medios, los Príncipes se acercaron a enseñar a su hija al público congregado a la puerta de la Ruber, que no paró de ovacionar a la pequeña Leonor desde que se abrieron las puertas. De hecho, el guirigay que se montó fue tal que las radios tuvieron problemas para recoger la voz de los Príncipes con nitidez. Don Felipe y doña Letizia, preocupados en todo momento del bienestar de la pequeña y de taparle la carita para que el sol no le deslumbrase, abandonaron la clínica solos y como una familia más. Él conducía su coche y doña Letizia y el capazo de la niña iban detrás. El color beige, igual que el de la niña, fue el elegido de doña Letizia para el abrigo, los pantalones y los zapatos, de tacón, para lucir en su primera aparición pública tras su maternidad. El Príncipe vestía un traje azul y corbata amarilla. Lucía un sol espléndido en una mañana templada muy diferente a la noche lluviosa y fría en la que vino al mundo a las 1.46 horas de la madrugada del lunes pasado.