CRÉMER CONTRA CRÉMER
El galáctico Florentino
SEGÚN LAS ÚLTIMAS ANOTACIONES estadísticas, el hombre más importante de la España liberada es don Florentino Pérez. -¿Pero más importante que el presidente, señor Zapatero? -Mucho más incluso que el Obispo. La prueba de su poderío es que manda y organiza, la sociedad más influyente del país, una organización galáctica (que no sé todavía lo que quiere significar) y la devoción, inasequible al desaliento, como se decía cuando todos los españoles andábamos con el aliento que no nos llegaba al cuerpo. Lo que entre nosotros, peninsulares, aptos para ser insulares del todo, no conseguimos ni siquiera implorando los buenos oficios de la Virgen de la Cueva o de Santa Rita, el devoto lo consigue dirigiendo sus demandas a Don Florentino Pérez. Aseguran los estudiosos de esta clase de fenomenología social que esta inclinación sectaria del hispanohablante por su santo preferido es más que una cuestión de devoción, un resultado de la economía. San Florentino es lo que es porque tiene o está en trance de disponer de más dinero y por tanto de más influencia que El Corte Inglés, por ejemplo. Hasta el punto de que una agrupación de auténticos «Pelaos», establecida en un lugar del Levante español, de cuyo nombre no quiero acordarme por si acaso, dedicada, según las escasas noticias que me llegan, al transporte por carretera y por vías urbanas todavía no afectadas por la huelga del petróleo, en un momento transcendente de su biografía, consiguió el premio más resonante y mejor dotado de la parafernalia de la suerte ibérica, más de ciento ochenta millones de euros por barba. Y en plena fiebre de felicidad pensó en celebrarlo, considerando que ello se debía a la influencia del santo de su devoción. Celebrarían su pelotazo económico, como hacían antes los maragatos: ocupando Madrid. Los veintitrés miembros de la sociedad agraciada, se dirigirían a la capital de la nación (con permiso) y cubrirían así su escasa dotación intelectual, artística, cultural y europeista. Fletarían un autocar de lujo y ya en Madrid extenderían la pancarta correspondiente saludando a la ciudad del Oso y del madroño, y estrechando la mano si lo tenía a bien a su benefactor, el galáctico Don Florentino. Se reunieron todos los componentes de la expedición y acordaron las líneas programáticas de su aventura: Solicitarían la colaboración de la chica de Cultura del Ayuntamiento por si les diera por visitar museos, por acudir a una representación teatral o por visitar el Senado. Se corrió la noticia de la excursión cultural y desde muchos otros pueblos de la costa extendieron la solicitud para que San Geroncio, patrono de la feligresía del pueblo les facilitara la felicidad que otros compatriotas celebrarían. La reunión preliminar fue un tanto abrupta, cual si se tratara del nombramiento de la lista de candidatos para el concejo, y al final se hizo pública una declaración por la cual se esclarecía la incógnita: ¿Cuál era la petición que los afortunados solicitaban de su benefactor Don Florentino? ¿Qué les acompañara en su visita al Senado? ¿Qué les invitara a comer en el Ritz? ¿Qué les facilitara la entrada en el Museo del Prado para ver la maja desnuda?... ¡No, no, no! Solicitaban del magnífico corazón de su padrino que les permitiera asistir con bandera y música, al partido de Foot-ball galáctico entre el Real Madrid y el Barcelona... Nada más, nada menos. ¡Juventud, divino tesoro ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar no lloro Y a veces lloro sin querer.