Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Con pies de plomo

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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LO DECLARO DE antemano para evitar suspicacias y recelos: me dispongo a escribir sobre las elecciones que se anuncian y esto supone o un cierto estado de esquizofrenia o una naturaleza valerosa, hasta el final. Y es natural que declare que las elecciones, las cuales forzosamente me comprometo a seguir con honestidad y con coraje, son aquellas municipales y autonómicas que se están preparando, los unos y los otros, para el triunfo en la inmediata campaña. Durante tiempo y tiempo, con disciplina y paciencia, hemos seguido y soportado en muchas ocasiones, los deslices, errores o necedades de aquellos a los cuales colocamos en la cumbre, con el voto apenas democrático, de unas elecciones cerradas, a las cuales en lo esencial no llega el ciudadano de número. Y digo y repito que lo que pudiéramos llamar frustración del sistema, radica precisamente porque en este modo de elegir, de seleccionar a los mejores, no interviene el elector, sino el Partido. Este, ese o aquel, pero el elector acepta de antemano y sin reparo lo que le impongan los disciplinantes partidistas. El resultado de este sistema no siempre es, ha sido ya, acertado y eficaz, suele aparecer con el correr de los hechos municipales, provinciales, estatales o locales privados, que los equipos que al final del recorrido se confirman manifiestan una torpeza y una ineficacia suicida. Mueren con los cargos puestos y cubren el campo político de fracasos. Muchos de los representantes verdaderos de la comunidad piensan que es llegado el momento de la reflexión y de la enmienda. Se debe producir el cambio radical de los componentes de los distintos núcleos corporativos. No todos los que están deben aceptarse y si las elecciones, estas y cualquiera otra, no sirven para revisar el mecanismo y corregir los defectos comprobados, entonces hay que declarar que las elecciones y la democracia es un engaño, un truco, una burla. Todos nuestros alcaldes, concejales, presidentes y diputados no fueron todo lo excelentes que pensábamos y que necesitábamos. Existen capítulos en el Libro Blanco de cada uno de estos organismos que exigen ser borrados y olvidados. Y candidatos que nunca debieron haber sido elegidos. Durante el año que ya se nos anuncia con aparatosas medidas previas nos veremos obligados a elegir, directa o por delegación representantes, consejerías y diputaciones que deben servir para corregir los desmanes y las vaciedades que se están produciendo, precisamente cuando se nos anuncia un tiempo borrascoso. Y los causantes de esta situación de duda y de recelo, deben ser cesados. Sin alarmas, sin algarabías, sin presiones. Porque España es posible que vaya bien, dicho sea en honor a nuestra mejor disposición, pero León no va todo lo bien que merece. En León se están produciendo manejos, manipulaciones y ocultamientos que claman al cielo. Y como el cielo no responde, que ya lo advirtió Zorrilla cuando puso en la boca de su héroe don Juan aquello de «Llamé al cielo y no me oyó», el pueblo de León está llamando a todas las puertas y nadie parece querer escucharle. He conocido Organismos oficiales y privados de la más diversa especie, color y sabor. Y he tenido el honor de investigar por mi cuenta los Organismos más diversos, unas veces con fortuna y otras perdiéndome en la confusión de los bandos interesados. He respetado nombres que me son queridos y he procurado ceder mi humilde colaboración a quienes la solicitaron. A lo que no me he prestado, pienso yo, es a encubrir la falsificación, el fingimiento. ¡Porque León no va bien!

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