CRÉMER CONTRA CRÉMER
No es bueno que el hombre esté solo
EN EL PRINCIPIO creó Dios el cielo y la tierra y colocó al primer hombre en el Paraíso. Y advirtiendo que el hombre en soledad caía en el desánimo y la desesperanza, se dijo para sí mismo: «No es bueno que el hombre esté solo». Y creó la mujer. Todo lo demás ya es historia conocida más o menos o chirigota universal. La mujer nacida muy posteriormente a la puesta en escena del varón, comenzó a padecer tormento y desde aquel mismo punto y hora de su primer caída en las manos del amo y señor del Paraíso dedicó su atención, su talento, su sensibilidad y su singular manera de cazar a eso: a perseguir y dominar al antílope díscolo y petulante que se creía que por tener los cuernos más frondosos y largos que la hembra, podía permitirse la licencia de creerse el dueño del mundo. Y en esas estábamos cuando aparecieron los griegos, con Pericles, con Solón, pero también o sobre todo con Aspasia, célebre cortesana de Mileto establecida en Atenas. Y se acabaron los privilegios del macho y se impuso la hembra «fermosa» para todo: para la riqueza y para la pobreza, hasta que la muerte separe a los unos de los otros. Y dicen que con la Grecia de Solón o de Pericles nació la democracia. Y con la democracia llegaron las mujeres presidentas, alcaldesas, concejalas, directoras de todo y ministras de la que sea menester. Y precisamente hacia el predominio real y verdadero de la mujer, nos encaminamos alegres y confiados. Significativo de esta tendencia, es o son las composiciones de las listas que los partidos hacen para cubrir las plazas, cargos o enchufes de la nación, de la autonomía o de la región, según entiendan los catalanes,, los manchegos, los gallegos o los habitantes de La Cabrera... En el año ya inmediato de 2007, si el tiempo no lo impide y con superior permiso, se celebrarán las elecciones para casi todo en España, desde la princesa altiva a la que pesca en ruin barca, como enunciaba Zorrilla. Y en todos los poblados las muy dignas y bien preparadas señoras, señoritas, y novicias se preparan para alistarse en los batallones femeninos para la conquista del poder. Curiosamente entre los hombres que se manejan concretamente para la experiencia electoral leonesa, solamente una mujer, doña Isabel Carrasco, que se sepa, figura como candidata. Y esto no es bueno, porque después sucede que a falta de buena hembra nos quedamos con varones malparados y estólidos, teniendo la mujer que navegar esforzadamente para establecerse en las listas de las listas y alcanzar el puesto que tienen allí a través del esposo, si la tienen, o del padre, que seguro que sí le tienen o del compañero sentimental si la patera no naufraga, para llegar a lo que por derecho le corresponde: un estrado bien visto y bastante influyente o un escaño bien pagado. En estas condiciones, las elecciones autonómicas, provinciales o municipales en León serán un fracaso, si las señoras estupendas con que cuenta el índico político femenino no se mueve. Y León, la ciudad de León, con su capital, seguirá navegando a brazo por el tormentoso mar de la trampa. Un muy recordado alcalde del ilustre Ayuntamiento de León, Llamazares de apellido y coronel cuando menos del glorioso ejército, en una de sus acciones paternales y viendo que no salía de pobre ni con recomendación del obispo, me aconsejó: «En vez de escribir versos y prosas destinadas a los varones, dedícate a halagar a la mujer. Porque el futuro es de la mujer... ¡¡¡Cómo podrá comprobar el que leyere!!!.