«Ya estoy en Punta Arenas»
El leonés ultima en la ciudad chilena, la más austral del planeta, la fase final de «una de las aventuras más grandes de mi vida», coronar la cima del continente helado

Ya estoy en Punta Arenas, la ciudad continental más austral del planeta. Después de 20 horas de vuelo llego a esta curiosa ciudad enclavada en el estrecho de Magallanes, de vital importancia para el paso de barcos antes de la apertura del canal de Panamá. La sensación al pisar tierra es de una ciudad desangelada de casas prefabricadas, donde un constante y fuerte viento azota tan endebles edificaciones dando la sensación de que va a volar todo por los aires. Es la principal característica climática de la zona: el fortísimo viento, no en vano estoy relativamente cerca del Cabo de Hornos. Me hospedo en una casa modesta pues la infraestructura hotelera es deficiente, pero me encuentro muy a gusto, pues los chilenos son gente muy amable. Me he entrevistado con el gerente de la empresa que organiza los vuelos a la Antártida, a la base Patriot Hill, que está situada muy al interior del continente antártico. Hay que decir que prácticamente todas la bases científicas y militares estan en la costa, y que en el interior solo hay tres bases pues es muy difícil abastecerse y vivir tan adentro de la Antártida. Esta base, Patriot Hill, se instala en noviembre y se desarma en febrero. Es uno de los lugares mas hostiles del continente antártico, y por lo tanto del mundo. Pendiente del viento Me dicen que el vuelo depende de factores climatológicos, pues hace unos días el viento era de 160 kilómetros por hora. Para que el avión aterrice hace falta que el viento no supere los 80 por hora, pues ha hacerlo en un glaciar de hielo y no puede tocar los frenos, pues esta como el cristal: precisa de 11 a 15 kilómetros para frenar por pura inercia. No hay pista alguna, ni balizamientos, ni ayudas de navegación aérea, es un vuelo a vista, y solo un avión militar ruso con su tripulación experta aterriza en tan peligroso lugar. El día de llegada también realice todos los tramites burocráticos y pude obtener permisos, complejos, para ir a la Antártida: incluso una autoridad pasó lista de todo lo que llevaba para sobrevivir al frío y viento extremo. He pasado los tramites y revisiones correctamente y solo me queda asistir a una reunión de las personas que viajaremos en ese avión donde recibiremos las ultimas intrusiones, pues una vez llegados a Patriot Hill el avión se marcha y ya no lo veremos hasta que termine la escalada al Monte Vinson: vendrá desde Punta Arenas otra vez a recogernos. Por lo tanto quedaré asilado a unos 4.000 kilómetros del continente americano, donde estoy ahora. Compañía canaria He conocido a un canario que también quiere escalar el Monte Vinson. Se llama Juan Deigo y nos juntaremos para aunar fuerzas. La verdad que lo agradezco, pues lo que me espera es tremendamente hostil. También nos indican que somos los unicos españoles este año en intentar escalar el Vinson. Pero me encuentro muy ilusionado: pensad que estoy a horas de ver la Antartida, con su grandeza y magnitud, un verdadero mundo de hielo, donde la vida no existe. Ahí me espera una de las aventuras más grandes de mi vida: escalar la montaña mas alta de este inmenso territorio a temperaturas que pueden rondar los 60 grados bajo cero, o superarlos. Un gran amigo me dijo hace poco que viviría una aventura épica del siglo XVIII, con la ropa y la tecnología del siglo XXI. Os lo seguiré contando en estas paginas desde los confines de la tierra vía satélite. ESCRIBE: