Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Los escolares y la droga

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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EL MINISTRO DEL INTERIOR ha desplegado un plan para la erradicación de los «camellos» portadores de droga en cantidades mínimas del ámbito escolar. El señor ministro, cuyas mejores intenciones se ponen de manifiesto siempre que tiene ocasión, ha puesto en acción un verdadero ejército policial, con el encargo radical y sin ninguna clase de rodeos ni de excusas, compuesto por más de seis mil números, dispuestos para la vigilancia en los colegios, donde los pérfidos mercaderes de la muerte tienden sus redes para cazar incautos. A la puerta de los colegios y aun en los patios de recreo de las escuelas, vigilan y procuran entorpecer el comercio canallesco de la droga entre los escolares. Alabamos, encomiamos, agradecemos y admiramos el buen estilo del señor ministro y naturalmente le deseamos todos los éxitos que su plan se merece. Lo que sucede, o al menos lo que me sucede a mí, es que considero, con todos los respetos que me sean permitidos, que no es esta la fórmula para acabar con este criminal mercadeo. Los encargados de extender la droga eludirán los espacios escolares y habilitarán otros lugares y otros grupos humanos en donde colocar su mercancía. Estos maleantes, procedentes de todos los puntos cardinales del mapa universal, conocen perfectamente cuales deben ser sus movimientos así que la autoridad disponga nuevas estrategias y campos de experimentación y venta de la droga y elaborarán a su vez sus réplicas. Y seguirán cayendo en la sucia trampa de la droga los muchachos ingenuos o desnortados y camparán a su albedrío aquellos que tienen montado el gran negocio contemporáneo. Y seguirán muriendo los inocentes. Tal vez, me sugiero a mí mismo, porque los responsables de la salud y de la decencia pública desgastan en vano sus fuerzas. Porque la droga no es algo que se haga en las chabolas gitanas ni en las encrucijadas de los barrios corrompidos y dominados por el vicio nefasto, sino por unos profesionales del crimen dedicados a comercializar la muerte. Y estos miserables son bien conocidos por la política y naturalmente también por los efectivos movilizados por el Ministerio del Interior. ¡Y es hacia ellos, contra ellos, contra los que han de dirigirse los movimientos de represión! Qué es difícil la pelea contra rufianes lo sabemos todos, pero tampoco se ignora que atacando a los míseros vendedores de «papelinas» no es como se acaba con el tráfico. Y si, como se supone, la policía sabe quiénes son los que manejan el comercio, a los que conviene vigilar y someter a acoso y derribo es a los que manipulan la droga, a los que se enriquecen con la droga, a los que viven a cuenta de la depravación, pasión y muerte de los infelices muchachos que se prestan, por probar de todo, incluso a la repugnante mentira que es la droga. La policía, los vigilantes especiales y los especuladores con la muerte conocen, o debieran conocer, que para eso les pagan a quienes se dedican al menester de la droga. ¿Por qué además de vigilar los colegios, no se procede directamente contra ellos?

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