En el Atlántico se pescan miles de toneladas de atún sin cumplir normativas ni reglamentos

El 20 por ciento del pescado que se consume procede de capturas ilegales

La actividad ilegal también afecta a otras muchas especies como tortugas, tiburones y aves

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José Fernández - león
León

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El buque Esperanza de Greenpeace ha zarpado de Ciudad de El Cabo para iniciar una expedición de dos meses de duración destinada a denunciar la pesca ilegal en las costas atlánticas de África y sus devastadores efectos sobre el futuro de los recursos marítimos. A nivel global, se calcula que la pesca ilegal supone el 20% de las capturas totales, con un valor estimado entre 3.500 y 7.500 millones de euros. Según se afirma desde la organización ecologista, en aguas antárticas, hasta un 50% del bacalao de profundidad capturado proviene de actividades ilegales. Casi en el otro extremo, en el Mar Báltico, se estima que el 40% del bacalao capturado en el periodo 2002-2003 fue pescado ilegalmente. En el Océano Atlántico, los buques piratas se benefician del lucrativo mercado del atún, capturando miles de toneladas de pescado sin cumplir las normativas y reglamentos. A continuación, el atún es transferido a buques de transporte refrigerados, conocidos como reefers, que mezclan el pescado con el procedente de buques legales, para ser posteriormente descargado en puertos legales, introduciéndolo sin mayores complicaciones en los mercados de Europa, Japón o Estados Unidos. Sebastián Losada, responsable de la campaña «Defendiendo nuestros Océanos», ha alertado que «la pesca ilegal de atún en el Atlántico es tan sólo un ejemplo de un problema global que ocurre en cada océano del mundo y casi en cada pesquería. No debemos olvidar que el pescado en algunos de nuestros platos le ha sido literalmente robado a alguien, negándole el alimento o los ingresos». Añadió, además, que en algunas zonas de países que carecen de medios para patrullar sus aguas, la pesca ilegal se ha convertido en un hecho sistemático. La campaña tiene el apoyo de organismos internacionales como la FAO y la Fundación para la Justicia Medioambiental. El Esperanza dispone de sofisticados sistemas de comunicación, incluyendo Internet, así como equipos de grabación de audio, vídeo y fotografía para documentar las operaciones de pesca ilegal con las que se encuentre y para realizar posteriormente la denuncia correspondiente ante las autoridades del país en cuyas aguas esté operando. El buque ha partido coincidiendo con la High Seas Task Force, una reunión interministerial de alto nivel, que ha reunido en París a los ministros de pesca de Australia, Canadá, Chile, Namibia, Nueva Zelanda y Reino Unido, para analizar cómo avanzar en la lucha contra la pesca ilegal. Voluntad política La pesca ilegal, además de provocar un descenso en las poblaciones de peces, afecta negativamente al resto del ecosistema. En muchas ocasiones se utilizan líneas de hasta 100 kilómetros de longitud y decenas de miles de anzuelos, en los que también se ven atrapadas tortugas, tiburones y aves marinas. De esta forma, cada año son tirados por la borda millones de ejemplares de distintas especies que no tienen interés para los buques. Los responsables de la campaña reclaman voluntad política a los gobiernos y recuerdan que hace cinco años firmaron un Plan Internacional de Acción contra la Pesca Ilegal que contemplaba medidas como cerrar sus puertos y mercados a los productos de la pesca ilegal y perseguir a las compañías implicadas en estos delitos. A nivel comunitario, aunque la UE aprobó en el año 2002 un plan para luchar contra esta práctica pesquera, todavía no se ha puesto en práctica.

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