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ANTONIO TROBAJO
León

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¡Estamos salvados! Ya se nota la atmósfera cuaresmal adueñada del ambiente. Los preparativos para la «movida» propia de esta etapa del año litúrgico están en efervescencia. Todo a punto. Cuando veáis que ocurren todas estas cosas, alzad vuestras cabezas, porque se acerca vuestra liberación, que escribió el evangelista San Lucas. Todo estallará el próximo viernes. Me lo han soplado en confidencia alguno de los amiguetes jóvenes que a uno le restan todavía. Llegó la recuperación del paraíso perdido. Todo comenzará a ser diferente. Ya podemos descansar tranquilos. Los SMS de los móviles, los correos electrónicos, los fotomontajes en internet, las octavillas volanderas, el boca a oído, son las mediaciones de este advenimiento de unos cielos nuevos y una tierra nueva. Será la cosa en cada ciudad, en un lugar prejijado, con el abajamiento hasta la inmediatez de abundantes mezclas etílicas y de otras sustancias, con espacio para todos y disfrutando de la garantía de verdaderos éxtasis místicos. Para ese día, a la hora oportuna, se convoca un «macro-botellón-cívico-estatal». Nada más y nada menos. Perdonen la sorna, pero piensen por un momento por dónde andamos nosotros, los cristianos, con nuestra escala de valores y nuestras costumbres, y por dónde andan nuestros jóvenes de hoy (la inmensa mayoría) con sus lenguajes, sus modas, sus criterios (¿o serán sensaciones?) y sus esperanzas. Al menos tendríamos nosotros que, a la hora de compartir nuestra fe y nuestras convicciones, poner el mismo ardor y utilizar los mismos recursos que ellos emplean. Sería interesente comprobar los resultados. Al fin y al cabo, de celebrar una fiesta se trata. ¿O es que para el creyente la vida puede ser otra cosa? Con esto por delante, como que a uno se le encanijecen los pulsos a la hora de enhebrar otros comentarios. Pero no hay más remedio que sumergirnos en la grandeza de lo pequeño y en la significatividad de lo irrelevante. Lo de pequeño e irrelevante es lo que se creen hoy los prohombres y las promujeres de la política, la economía, la cultura (la alta, claro) y los medios de comunicación. Pues ya ve usted lo que son las cosas: uno está en radical desacuerdo con esos pre-juicios. Noticia gruesa es que les pueda contar que se acaban de editar varias obras que hablan de nosotros y son producto nuestro. Ya hace meses que el sacerdote astorgano y profesor del Seminario Mateo Martínez Cavero (Castrillo de las Piedras, 1932) publicó un volumen sobre «Fundamentos de la moral», que es un «auténtico manual de teología moral fundamental». De la imprenta acaba de salir un interesante folleto, firmado por Carlos de Francisco, sacerdote leonés y director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales, sobre «Los cristianos orientales entre nosotros»; es un vademécum de 44 páginas, perfectamente ensamblado su contenido de forma ordenada y pedagógica, muy útil para navegar en medio de la inundación de emigrados cristianos del Oriente de Europa. Hace unos días se presentó en La Bañeza una biografía del gran misionero que fue Mons. Diego Alonso Nistal (1871-1938), «El primer Vicario Apostólico de Caroní», en Venezuela; el biografiado nació en Carucedo, pero su familia es oriunda de las tierras maragatas y bañezanas. Casi de soniche sabemos que está en letras impresas un folleto informativo sobre la iglesia parroquial, románica, de Santa María del Mercado de la capital, cuya existencia consta desde 1092 y que es Monumento Nacional; la firma es de Alejandro Valderas. Otra cosa, nada intrascendente para los interesados, es la objeción que se ha puesto en Valladolid (no me metan al Arzobispo en ello, que tiene otras cosas que hacer) a que se procesione una talla de Sahagún. No sé qué tendrá todo lo referente a las cofradías penitenciales, que siempre hay algún duende (¿o será diablo?) que enreda la madeja. O el baile, que nunca se sabe.

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