El repartidor de dulzura

Leocricio fue conductor de autobús hasta los 68 años. Cuando los pequeños del pueblo sabían que llegaba se acercaban a la plaza, siempre había caramelos en sus bolsillos.

Publicado por
A. Calvo - león
León

Creado:

Actualizado:

Las piernas de Leocricio le fallan desde hace siete años. Es la edad. Sin embargo, desde su cama, aún sigue demostrando el cariño que siente por sus nietos y bisnietos, aquellos a los que paseaba en el Seat 127 después de jubilarse. Ahora ya tiene más de cien años y son ellos los que hablan por él, los que se han aprendido aquella frase que el abuelo les repetía: «En la vida hay que tener sentido común y corazón». Ese corazón, que siempre escondió tras un fuerte carácter, fue el que le llevaba a aumentar las paradas de su autobús. Empezó siendo camionero, pero después un familiar le informó de que la empresa Vivas necesitaba un chófer para cubrir la línea que une León con Alija del Infantado. Se presentó al puesto y hasta los 68 años estuvo trabajando como conductor para la empresa. Por el camino, mientras su autobús recorría aquellas carreteras en las que el asfalto estaba destrozado, iba recogiendo a la gente que se había bajado en el apeadero de Saludes. Los vecinos de Alija recorrían caminando los siete kilómetros que hay desde la parada del tren hasta el pueblo porque no tenían dinero para pagar el autobús. Él los recogía y no les cobraba. A la llegada al pueblo, los chiquillos se abalanzaban sobre el señor Cricio porque en sus bolsillos nunca faltaban caramelos. Sus nietos también tienen presente la dulzura inmensa de su abuelo. «Siempre nos daba caramelos de tofe o del Caserío, aunque no nos gustaban mucho», recuerdan ahora. Conoció a su mujer, con la que se casó con 25 años, en la boda de su hermano. Pero la vida no siempre le sonrió. A los 30 años de casado se quedó viudo y pocos meses después, perdió a su hijo mayor. «Lo más duro en esta vida es sobrevivir a un hijo», dice todavía a sus nietos. Ellos recuerdan la frase que les decía cuando salían de casa: «¡Mucho ojo!». Con su abuelo compartieron muchos momentos. Él siempre estaba haciendo bromas. Cuando llegaba a León, dejaba su autobús y les iba a recoger para llevarles al cine. En verano, les llevaba a Asturias a la playa. Para todos fue como un segundo padre. Todos los nietos organizaban para Navidad una obra de teatro. Revolvían el arcón con la ropa vieja y se preparaban para sorprender a su abuelo Leocricio. Él era el principal espectador de la representación. También era el más crítico. Ahora, a sus cien años, vive con su hija. Sigue siendo muy presumido y le encanta estar bien afeitado y aseado. Nunca faltó en su casa «el café y la pastina» cuando venía una visita. La vida familiar fue su debilidad. Todavía los parientes lejanos continúan interesándose por él al igual que los vecinos de Alija. «Todavía le echan de menos en el pueblo», apuntan sus nietas. Fecha de nacimiento: 13 de marzo de 1906. Lugar: Gigosos de los Oteros. Residencia actual: León. Familia: Tres hijos (Víctor, ya fallecido, Claricia y Fernando), seis nietos y diez biznietos.

Cargando contenidos...