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URINARIOS de pared. Con esta cruda imagen que pinta lo que puede ser un predio históricamente masculino se encontró Helena Caballero al hacerse cargo de la presidencia de la Confederación Hidrográfica del Duero. Cuenta ella y no acaba la cantidad de perrerías del varonato ingenieril que ha tenido que sorportar en todo este tiempo. Buenos son los ingenieros de caminos, canales y escolleras para someterse al criterio de una ingeniera o alta funcionaria, que además nombró a otras mujeres para la alta dirección. A doña Helena Caballero la empezaron disparando con chistes de mostacilla y acabaron lloviéndole obuses desde todo el entramado de intereses y políticas de pilón pilonero que impregnan o circunvalan este organismo. La ministra Narbona ha firmado su cese entre dos trincheras, la de universitarios, ecologistas y alcaldes que encomian los avances de su gestión y la de organizaciones agrarias y el pepé regional andante que sistemáticamente la han puesto a parir por ver si, al menos, la hacían desaparecer por baja maternal. En el fondo, han conseguido que la manden a dirigir algo de la Unesco en Zaragoza. Bastante asoma aquí una arrogante intransigencia masculina. Estamos en tiempos de intransigencia galopante que puede ser divina si llueve el dogma racista y confesional sobre esta capital de las cazurrancias obtusas. Hablo del asunto de los rumanos y de esa misa suya desterrada que viene rebotando de barrio en barrio y rebozándose entre furias vecinales que no toleran su cercanía. Es tirria cristiana contra otros cristianos, manda güevos (y manda hostias, piden las turbas). El obispo ha tenido con la comunidad rumana en León todo un gesto de decencia moral y coherencia cristiana que, sin embargo, están negándolo las ovejas modorras de su grey diocesana. «Al rumano y al pichón, perdigón», viene a ser el lema de esta contumaz aberrancia; «su misa no es nuestra misa». Y como somos hermanos en la vieja fe, les desollamos. No creo, sin embargo, que la bronca, la afrenta y la instransigencia que se ha mostrado con la práctica religiosa de esta comunidad inmigrante se planteara de igual modo frente a un colectivo musulmán que pretendiera mezquitear o publicitar sus ritos. Aquí nos podemos cagar en Dios, pero en Alá ni se nos ocurre. Cagaditos vamos.

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