De técnica de laboratorio a princesa del famoseo Caldera cree que «están bien pillados»
«No he matado mil toros para que mi mujer se levante a las ocho de la mañana, llegue a casa a las dos de la tarde y a mí me tenga que poner de comer otra mujer», proclamó para la posteridad el afamado torero Jesulín de Ubrique en julio del 2002, cuando se casó de segundas con la hoy imputada María José Campanario. La chica, una castellonense de 23 años que hasta conocer al matador se ganaba la vida como técnico de laboratorio, se convirtió en apenas cuatro años en princesa del famoseo. «La buena» para los programas y las revistas chafarderas, que ya habían adjudicado el papel de mala a su predecesora en el cargo, la lenguaraz Belén Esteban. No se sabe si el torero de Ubrique logró su objetivo de que su esposa se dedicara en exclusiva a prepararle la comida, pero sí que fuentes de la investigación indicaron ayer que la Campanario está «directamente implicada en la trama» de venta de certificados de invalidez. Sorprende que hayan pillado en un negocio tan turbio a alguien que tenía tan claro como vivir bien sin dar golpe. El ministro de Trabajo, Jesús Caldera, confió ayer en que la detención de diez personas por fraude en la concesión de pensiones se salde «contundente y ejemplarmente por parte de la Justicia» y apuntó que «parece que están bien pillados, que las pruebas son contundentes». Caldera, que se encuentra en Mendoza (Argentina) visitando a la comunidad emigrante española, hizo referencia en una rueda de prensa a la operación llevada a cabo contra una trama dedicada a la falsificación de documentos .Tras felicitar a la Guardia Civil y a los Inspectores de Trabajo, el ministro destacó que la operación demuestra que se avanza para que la Seguridad Social funcione mejor y para que la justicia impere, porque «no se puede engañar, no se puede sobornar, no se puede defraudar, como parece que ha ocurrido en este caso». Caldera recordó que la Seguridad Social y las fuerzas de seguridad trabajan continuamente para detectar bolsas de fraude y abogó por el «mayor rigor en el combate a estas prácticas».