El llamado turismo de experiencias crece en Europa a un ritmo superior al 40% anual
Llegan las aventuras a la carta
Las empresas del sector cobran a sus clientes por hacer realidad deseos?incumplidos
Desnúdese de frustraciones y vístase de Peter Pan. Sueñe sin límite. Viaje al centro de su imaginación, al rincón en el que se esconden los deseos incumplidos. Sea el astronauta que un día describió a sus compañeros de patio de colegio. Conviértase en el espía con nombre en clave al que tantas veces imitó. Vuele en un avión de combate, descienda al lecho en el que duerme su desgracia el Titanic , pilote un Fórmula 1, báñese en chocolate, flote en gravedad cero o relájese en el yate de Onassis. Todo es posible. Sólo hacen falta dos cosas: deseo y dinero. Lo primero es imprescindible, lo segundo, también, pero no tanto como puede parecer. O al menos no tanto como hasta el nacimiento del nuevo turismo: el de experiencias, un giro en el concepto de vacaciones que pasa por cambiar los destinos por sensaciones. A eso se dedican empre-sas como A Vida é Bela (www.avidaebela.com), una compañía portuguesa que en poco más de cuatro años ha pasado de ser una quimera en la que no creía un solo banco a convertirse en la luz al final del túnel del renacimiento económico luso. Ocupa ya el segundo lugar del ránking mundial de un sector que lidera la británica Red Letter Days (www.redletterdays.co.uk). Y hay negocio para más, como dejan claro las cifras de evolución de unas empresas que crecen a ritmos superiores al 40% anual. Se multiplican como champiñones por todo el planeta, alimentados por una cultura del ocio cada vez más ambiciosa y hedonista. Algunas de ellas ya se han planteado entrar en España. Y otras, como la portuguesa A Vida é Bela, ya tienen incluso fecha para cruzar la frontera y venderse en toda la península ibérica: llegarán en septiembre. Un negocio sin techo El modelo de todas ellas es de una eficiencia máxima. Venden por Internet, a través de bonos de prepago, y después gestionan con sus proveedores servicios de todo tipo. Disponen de compañías que les alquilan helicópteros, yates, coches, campos de golf, bañeras o aviones de combate. Su versatilidad es tan grande como la imaginación de sus clientes, algo que les permite diversificar al máximo sus fuentes de ingresos: venden igual combates de avión para directivos a empresas como Vodafone, que tratamientos de belleza para hombres o fines de semana de culto al cuerpo para mujeres, que a la postre son las principales clientas (el 60%) de un negocio que, de momento, no ha encontrado ni techo ni límite a la imaginación.