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ES EL CRISTO más rezado y habrá que montarle cofradía recamada. Se debe. Se puede. Mire usted, señor guardia, las que se inventaron, las que sacaron de la bocamanga de raso y las que aún habrá de alumbrar el delirio firulí y andalusí en estos páramos paganos de la fe pura y dura. La llamaremos hermandad del Cristo de la Bonoloto, pues existe en la mollera y en las oraciones de muchedumbres de devotos rogándole hasta con velones de tres libras que arrime la suerte a su boleto, que manipule el destino, que amañe a su favor, que prevarique... Rezar es preguntarle a Dios qué hay de lo mío. Así lo entiende y lo vive el pueblo bendito; el pobre muchísimo y el rico aún más, pues pudiendo pagar misas compra muchos más boletos. El Cristo de la Bonoloto es el último consuelo para los parias de la tierra y la famélica legión. También lo es para quien no sale de trampas. Y para quien las hace. Todos queremos más. Se supone, por lo mismo, que tendrá que haber también una Virgen de la Bonoloto, ay, juasús, juasús. Las paisanas prefieren a las vírgenes y los tíos a los cristos. Será, sin duda, para hacérselos de oro macizo y crucificarlos en el pecho ahorcados con un cadenorro calorro, que es lo que hace el gitano piadoso con su Cachorro, el Nazareno de Sevilla y olé, torre del moro. La Virgen de la Bonoloto es como santa Maribel, una muñeca. Le rezan mucho ellas. De tú a tú y de mujer a mujer. A lo peor peorísimo también le montan una cofradía de mujeres. Están en su derecho y en la moda. Incluso podrían obligar a los tíos a llamar al suyo el Cristo de las Quinielas, patrón del patadón y de la equis o del partido Levanten-Las Palmas que se celebra cada domingo de Ramos. Si hubiere algún contencioso o guerra disputando el patronazgo titular de la Bonoloto, nadie dude que la Virgen es capitana y la del Pilar se hizo artillera en Zaragoza. ¿Y cómo entender que una maricona beatorrilla y horterísima quiera montar cofradía a san Sebastián, que ni olió Pasión, pedazo sansebastián atado de manos, desnudo, apenas veladas sus vergüenzas, asaeteado, con hilos sangrados sobre músculo rosa, ligeramente retorcido en una mueca desmayada que vale para muerte o para orgasmo, pues vuelve los ojos de una forma que uno ya no sabe a qué atenerse?

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