CRÉMER CONTRA CRÉMER
Rayos y truenos
PRIORO, según me informan, es uno de los enclaves más interesantes y más bellos de la provincia de León, (partido de Riaño) y cuenta entre sus habitadores con gente de ley, de fidelidad y de solidario talante. Está llamado a constituirse en uno de esos lugares henchidos de misterio y de encanto que una política bien administrada y mejor concebida le elevaría a la categoría turística de indispensable. En tanto o en cuanto este ímpetu de atracción se realiza, Prioro es, o me supongo que así sea, un lugar delicioso apto para la renovación de pensamientos bien ordenados. Prioro, como sucede con todos los componentes humanos que ocupan la montaña oriental leonesa, no es un pueblo rico ni pobre, pero cabe afirmar que es un pueblo noble y bien nacido. En una mañana de emoción, cuando todo el mundo se acumulaba a la puerta de su iglesia de esbelta espadaña, y las nubes cargadas de amenazas, se hacinaban como rebaños de búfalos en lo alto, y las gentes acudían al funeral de un convencino, un rayo, el rayo canalla que se suele ocultar detrás de las nubes compactas, se desprendió de sus ligaduras y se precipitó sobre el pueblo. Precisamente sobre la esbelta espadaña. Y derribó parte de la sobria arquitectura, hiriendo, algunas gravemente a tres o cuatro asistentes al funeral. Debió ser como cuando en la guerra uno de esos aparatos que inventan los americanos para meter inteligentemente se precipita cargado de muerte. Y hasta el polvo nutricio se siente agredido: Cayeron al suelo piedras antiguas y alas para las campanas. Y los centenares de fervorosos feligreses que habían acudido a despedir a uno de sus seres queridos corrieron despavoridos para eludir la salvaje cuchillada del relámpago. Se produjo el consabido espectáculo dantesco. Y alguien recordó los versos de Jackson Vayan: «La tempestad está encima / pero el rayo está en mi mano». Acudieron, esta vez con diligencia, las fuerzas destinadas a enmendar los efectos de la agresión: aviación incluso y se procedió a registrar en el libro parroquial de las catástrofes no merecidas la tremenda efemérides. Y pensamos, mientras repasamos algunos de los aspectos de esta triste historia real, que estos sí que son problemas y que en estos sí que deben poner su mano los organismos, incluyendo la aportación de ayudas que en cierto modo sirven para enjugar tanto dolor acumulado. Y no esos esforzados gestos de algunos de nuestros ediles, para los cuales al parecer no existen problemas de mayor gravedad que el dominio y vencimiento definitivo de grupos deportistas o aspavientos de culturalización gitana, cuando el rayo, que es como la mano de Dios, recuperando el derecho del hombre a una vida más digna, más segura y mejor asistida. Y el viejo refranero, que siempre aparece en los momentos culminantes, se permitía asegurar que este rayo, que todos los rayos, bien pudieran se retos contra la frivolidad.