Diario de León

El caparazón en el que se enterraron 200 toneladas de los restos del reactor se resquebraja

Las grietas del sarcófago amenazan con un escape radiactivo en Chernóbil

Ucrania urge la construcción de un nuevo recubrimiento, que cuesta 1.500 millones de euros

Publicado por
r.r. | redacción
León

Creado:

Actualizado:

La central nuclear de Chernóbil dejó de funcionar el 15 de diciembre del 2000, casi 15 años después de la catástrofe, pero su cierre no alejó definitivamente el peligro de un nuevo desastre. Mientras no se construya un nuevo recubrimiento para el reactor accidentado el 26 de abril de 1986, el cuarto, la amenaza sigue latente veinte años después. Los restos del reactor destruido, que permanecerá radiactivo como mínimo durante los próximos 100.000 años, yacen bajo una cubierta de hormigón y acero, conocido como sarcófago. Esta gigantesca tumba de 410.000 metros cúbicos de hormigón y 7.000 toneladas de acero fue levantada por 650.000 personas, entre bomberos, militares y voluntarios. Son los llamados liquidadores, muchos de los cuáles se enfrentaron a la titánica tarea sin las ropas de protección adecuadas. No en vano, este trabajo costó la vida a miles de ellos y dejó a muchos otros marcados para el resto de su existencia, con tumores incurables o graves alteraciones metabólicas. Y es un legado que incluso dejaron a sus descendientes. Es el caso de Pavel Lukashov, cuyo sistema inmunológico, según la entrevista que le realizó la agencia Colpisa, «apenas resiste un simple resfriado». Su hija Ania, de 17 años, nació con una mano deformada y tres riñones. Estos trabajadores pudieron enterrar, aun a costa de sus vidas, 200 toneladas de material altamente radiactivo. Pero debido tanto a la premura de medios como al alto nivel de riesgo y a la gran rapidez con que tuvieron que llevar a cabo su acción, no pudieron hacer el sarcófago totalmente hermético y las nuevas grietas, que empezaron a aparecer ya hace años, se están agravando. La superficie total de todas las hendiduras existentes en el caparazón supera los 1.000 metros cuadrados. Por si fuera poco, la acción de las sustancias radiactivas ha favorecido la aparición de unas partículas que corroen la estructura. El Gobierno ucraniano lleva años advirtiendo del peligro. Y, de hecho, uno de los acuerdos a los que llegó en el 2000 coincidiendo con el cierre del último reactor de Chernóbil, fue en la concesión de una ayuda financiera internacional para costear las obras de construcción del nuevo sarcófago, valoradas en 1.500 millones de euros. Los trabajos, por la falta de liquidez, se han aplazado una y otra vez.

tracking