Sólo en el 8% de los casos denunciados la empresa toma medida contra el acosador
El 15% de las mujeres sufren acoso sexual en su puesto de trabajo
Castilla y León es la sexta comunidad con más casos de trabajadoras que padecen el problema
1,3 millones de trabajadoras sufre vejaciones sexuales, de palabra o de obra, en su puesto laboral. Es una primera aproximación al tema del acoso sexual en el trabajo, pero el Instituto de la Mujer promete nuevos estudios para aquilatar la dimensión de este fenómeno. De momento, el documento presentado este miércoles sitúa en el 14,9% del total las mujeres empleadas que padecen este fenómeno, aunque sólo unas 835.000 -un 10%- son conscientes de esas actitudes hostiles y machistas. Las empresas miran para otro lado en más de la mitad de los casos y sólo toman medidas en el 8% de los casos denunciados. La investigación fue presentada ayer por la secretaria general de Políticas de Igualdad, Soledad Murillo, y la directora del Instituto de la Mujer, Rosa Peris. Incluye el resultado de reuniones de grupo con expertos, profesionales, responsables de empresas y trabajadores, hombres y mujeres, y una encuesta a 2.007 mujeres activas durante el último años, de edades comprendidas entre los 16 y los 64 años. Por Comunidades, tras Cataluña, donde un 22,2 % de las trabajadoras ha sufrido acoso sexual, se sitúan Andalucía (20,4); Galicia (16,4); la Comunidad Valenciana (15,3); Aragón (15); Castilla y León (14,9); La Rioja (12,8); Canarias (12); Castilla-La Mancha (10,9); Extremadura (10,8); Madrid (9,9); Baleares (9,6); Murcia (8); Navarra (7,8); Asturias (6,8); y el País Vasco (6,5). Sus resultados muestran que el acoso sexual laboral presenta varios «rostros»: «la violencia contra las mujeres, un entorno laboral sexista y un marco con abuso de poder, tanto jerárquico como de género». El sustrato machista que persiste en el conjunto de la sociedad española y la situación deficitaria de la mujer en el ámbito laboral, con menor sueldo por el mismo trabajo y dificultades para ascender a puestos directivos, forman el caldo de cultivo idóneo para el acoso sexual en el trabajo, aseguran los expertos. Tipos de acoso Éstos identifican como «acoso leve» la existencia de un ambiente laboral «cargado», las expresiones verbales públicas vejatorias para la mujer en general, como chistes, piropos o comentarios con fuerte contenido sexual, gestos o insinuaciones. Es «grave» cuando esas actitudes se personalizan en una trabajadora concreta -pedir abiertamente relaciones sexuales, presionar a la mujer tras una ruptura sentimental, preguntas sobre su vida sexual...-, y pasa a «muy grave» si hay contactos físicos no deseados, tocamientos, abrazos, besos, presiones para intimar bajo amenazas de despido o con promesas de mejora, y asalto sexual directo. Casi todas las encuestadas (el 92,4%) consideran el acoso sexual una forma de violencia contra la mujer. Medir la incidencia real del acoso sexual en el ámbito laboral es difícil porque no hay fórmulas matemáticas y porque entra en juego la propia sensibilidad de la mujer ante determinadas situaciones. Cuando son conductas leves, y más del 90% de los casos lo son, hay mujeres que pueden sentirse vejadas y otras no -caso de un comentario obsceno-, aunque constituya acoso a juicio de los expertos. De ahí que éstos diferencien entre acoso «técnico» y acoso «declarado». El primero siempre arroja cifras mayores. Así, según el estudio del Instituto de la Mujer, en el 2005 el 14,9% de las trabajadoras españolas, 1.310.000, vivió alguna situación de acoso sexual en el trabajo (acoso técnico), aunque sólo 835.000, el 9,9%, lo percibió como tal (acoso declarado). El perfil de la trabajadora acosada es el de una mujer menor de 34 años, soltera y cualificada y el estudio destaca también el mayor acoso que sufren las inmigrantes extracomunitarias. En la mayoría de los casos (el 58,8%), quien protagoniza las situaciones de acoso es un compañero, en el 20,6% un superior directo y en el 14,3 un cliente. Este comportamiento se registra más en los sectores de la construcción y la industria y en empresas medianas y grandes. El acosador, en los casos graves y muy graves, suele ser un hombre casado (o con pareja estable) y con hijos, normalmente un mando intermedio. Según el estudio, predomina la inacción ante el acoso entre las víctimas, que optan por no hacer nada o por evitar a la persona, aunque a medida que se eleva la gravedad de la situación se incrementa la búsqueda de soluciones. Murillo destacó la poca confianza que se tiene en la protección de la empresa, ya que sólo se acude al jefe superior en los casos muy graves y en niveles muy bajos: dos de cada diez mujeres que sufren abrazos no deseados y una de cada diez que ha vivido acorralamientos. En el 56% de los casos, la empresa adoptó una respuesta pasiva y sólo en el 8,3% actuó cambiando de centro al acosador, expedientándolo o despidiéndole. Murillo, quien alertó también de la prácticamente nula confianza en las instituciones, subrayó la importancia de la próxima ley de igualdad, que dedica catorce artículos a luchar contra el acoso sexual y establece protocolos para las empresas. En el 2004 la Inspección de Trabajo realizó 120 actuaciones en materia de acoso.