EL AULLIDO
La realidad difusa del fútbol
EXISTE UNA REALIDAD paralela llamada fútbol en la que un país como Brasil es más poderoso que los Estados Unidos. Sin embargo en esa realidad España -tan cojonuda como Guzmán el Bueno- sigue al nivel de España, esto es, al nivel de país fanfarrón y eufórico que nunca ha visto un pastel pero cree que se va a comer todas las tartas¿ Siempre la misma Historia. En este sentido nuestra selección nacional -buen resumen de toda ella es Raúl, su aburguesado y acabado capitán- se parece en todo a «La Armada Invencible», aquella flota española de guerra que, aunque la llamábamos así, nunca ganó una batalla. Ya dicen que esta vez vamos a llegar a la final como olvidando lo cerca que estuvimos de no llegar al principio. Pero sí, como en todo Mundial hemos empezado a tope y partimos como favoritos aunque nos pesa mucho el lastre de nuestra poca humildad, y es que el fútbol es proclive a la exageración, entre otros excesos. Así las cosas todo sigue su curso pero nada parece igual, y es que lo que más llama la atención de esa realidad paralela llamada fútbol es la forma que tiene de sustituir a todo lo demás. El fútbol sí que es el opio del pueblo. De hecho su presencia opiácea logra hacernos olvidar -menos mal- la corrupción marbellí, la sequía, lo mal organizada y chapucera que ha resultado ser la Feria del Libro LEER LEÓN -Alfonso Ordóñez, su secretaria y su fiel escudero Héctor Escobar se salieron con la suya como si esta Feria mas que internacional fuera municipal-, y logra hacernos olvidar el Estatut, Forum Filatélico, Afinsa, Eta, el hambre del tercer mundo y hasta a nuestra propia santa madre mientras el espectáculo televisado o globalizado tiene lugar para delirio de las gentes de todo sexo, idioma, credo, condición y demás familia. El fútbol produce amnesia y por eso lo necesitamos tanto: como dice Jorge Valdano es la terapia psicológica necesaria de esta sociedad nuestra que no paga por ir al psicólogo, pero derrocha el dinero en el fútbol. Sí, el fútbol en directo, radiado o televisado produce amnesia de borracho y a tal grado llega esa amnesia que si las elecciones generales tuvieran lugar durante los mundiales siempre ganaría el partido en el gobierno hiciese casi lo que hiciese porque, llevados por la amnesia y por la euforia, que acaso sean lo mismo, no nos acordaríamos de los errores gubernamentales así que más de lo mismo y pásame la bola, Manola, que ya sabes que no quiero que juegues sola. El fútbol es el envés de la realidad y el envés de la política, y comparte con ambas el gusto por la contradicción, la pasta gansa y la testosterona. De hecho vivimos dentro de un partido de fútbol y por eso la vida es sólo eso, esa emoción, esa pasión, ese tomar partido, ese ganar, ese perder, ese estar ante el peligro como las vacas viendo venir al tren y terminar saltando de alegría o llorando y, en cualquier caso, llegando a la conclusión de que tanto el nacionalismo como el fanatismo, mientras exista el fútbol, son inevitables. Uno hace tiempo que duda de que el fútbol de élite sea un deporte, pero ahora incluso hay que empezar a dudar de que el fútbol sea un fin en sí mismo pues más bien parece un instrumento, libera tu energía, distrae tu atención, berrea como un neandertal -perdón, se dice holigan- y no me des más guerra parecen decirnos los de arriba que, como siempre, nos tratan como a niños. Por eso siempre hay fútbol, todo el año fútbol, fútbol, fútbol televisado en abierto, en cerrado o en mediopensionista, la liga, la copa, la supercopa, la champions, la burra y el buey porque ahora que no tenemos un enemigo extranjero que nos invada y contra el cual unirnos sólo el fútbol logra aunar a este dividido país de países, a esta entelequia nacional, a este guerrero matrimonio de convivencia llamado España. ¡Devuélvanos Gibraltar¿! Otra ronda para todos los del bar que pago con dinero público.