La maldición de la cripta
Un «despiste» del Ayuntamiento dejó a decenas de personas sin poder ver los restos de las termas y de Puerta Obispo, que finalmente se abrirán hoy al público hasta el 17 de septiembre
Sobre la cripta de Puerta Obispo parece pesar una maldición. Cerrada durante diez años, no se abrió ayer al público, como estaba previsto y anunciado, por un «despiste» del Ayuntamiento. Desde las once de la mañana, los visitantes que habían planeado retroceder en la historia veinte siglos, para conocer los vestigios del campamento de la Legio VII que dio origen a la ciudad de León, se encontraron con la gruesa plancha de acero que los recubre cerrada a cal y canto. El Ayuntamiento, a través de una nota, ha anunciado que abrirá hoy ininterrumpidamente, a excepción de los lunes, hasta el próximo 17 de septiembre -en horario de 11.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00-. El Ayuntamiento fijó la fecha de reapertura de la cripta sin tener en cuenta que era lunes, lo que provocó un malentendido con el equipo de arqueólogos que se encargará de ilustrar al público sobre la importancia de unos restos que, a simple vista, pueden decepcionar a quien espere ver algo más que los cimientos de las termas y de la Porta Principalis Sinistra , la que daba acceso por el Este al campamento de la Legio VII. Pero lo cierto es que a pie del yacimiento no había nadie para dar las correspondientes explicaciones y las oportunas disculpas a los frustrados visitantes. Pequeños, pero magníficos La cripta, que forma parte de la futura Ruta Romana, que el alcalde Mario Amilivia quiere poner en marcha antes de que acabe su mandato, preserva unos restos localizados en 1996, durante las obras de peatonalización de la plaza de la Catedral. Estos restos han permitido conocer la magnitud de los baños romanos, que superarían ampliamente el perímetro del templo gótico. Durante el mes de abril la cripta abría por primera vez sus puertas al público, después de diez años de litigio entre el Ayuntamiento y el constructor, que reclamaba una cifra «fabulosa». En apenas 30 días, los restos arqueológicos atrajeron a más de 30.000 visitantes; algo insólito en León, tratándose de un yacimiento de apenas 300 metros cuadrados. Sin embargo, de este pequeño túnel del tiempo se extrajeron en su momento más de 12.000 piezas, algunas fundamentales para reconstruir el puzle de la historia de la ciudad. Para «adornar» la visita, la cripta cuenta con varias maquetas de la evolución de la muralla -los romanos construyeron cuatro-, realizadas por Juan Carlos Ponga.