Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

Creado:

Actualizado:

Según los contables municipales, el servicio benemérito de bomberos de León, cuestan un huevo y la yema del otro. Y el Ayuntamiento, que tiene una carga económica sobre el presupuesto que le agobia, se dirige a los poblados necesitados de bomberos y a los alfoces dedicados a la hoguera estival para declarar que deben contribuir al gasto si de verdad queremos disponer de un servicio eficaz, bonito y barato. Naturalmente que no tendría nada que ver con aquel servicio municipal por entregas de los años de antes de alguna de nuestras guerras: en aquellos entonces los bomberos de León se nombraban a dedo entre los profesionales del ladrillo visto. Eran los albañiles más prestigiosos de la nómina; vestían de rayadillo visto. Eran los albañiles más prestigiosos de la nómina; vestían de rayadillo, como los que hacían el servicio de armas en Cuba y Filipinas y por todo instrumental aparecían dotados de un casco, de un azuela o hacha de dos cortes y de una manga. El agua lo deba gratis el Bernesga o el Torío, según donde fuera requerida la dotación. A chufla lo tomaba la gente, paro a nosotros, los arrapiezos de La Corredera, nos causaban un respeto imponente. Si el incendio se producía en alguna de las casonas de barro y pedruscos de la capital, avisaban del siniestro mediante la sirena de la Compañía de los Ferrocarriles de Hierro del Norte de España (hoy RENFE), y corríen los afectivos del municipio hasta dar con el incendio, no sin que a los esforzados bomberos les sonara en el oído siniestro la copa cabrona que les dejaba como para no prestar: «Los bomberos, los bomberos/ los bomberos de León/ si van a apagar un fuego/ se quema la población». Y naturalmente se quemaba hasta donde cabía. Hasta la llegada de «La Bonifacia», la que a Valencia fue/ y un incendio intentó apagar/ pero tan sólo el ridículo fue a hacer/ porque la dio por no funcionar». Hasta el tiempo en el que la municipalidad responsable no incorporó al servicio la formidable tanqueta apta para toda clase de incendios, León estaba al aire que más calentaba y si el incendio se producía en Cabrillanes, por ejemplo, se temía por la vida del pueblo entero, porque los del lugar además de carecer de otra «Bonifacia», apenas si tenían agua que llevarse al fuego. Esta situación precaria no podía sostenerse en el siglo XXI en el que estamos, (mal, pero estamos) y el alcalde vigente señor Amilibia ha elevado sus clamores al universo mundo y a la Junta de Castilla y León y a quien coña corresponda para que se examine la situación del servicio de bomberos y en último caso que se cree un consorcio, en el cual interviniera la Junta, la Caja de Ahorros, la Universidad y la Fele, mediante le cual León al fin disponga de un servicio completo, con mangas, con agua, y con profesionales bien dotados y bien pagados, que nos garanticen a los pobladores de la zona de que podríamos salir indemnes en caso de un incendio. Y no como ahora que andamos con el alma en un hilo si se nos sugiere que muy bien podríamos ser pasto del evento, sin esperanza ¡ay! de un bombero que llevarse al fuego. Si esta contribución general en la forma que fuera no se logrará, habría que cerrar el servicio municipal y apagar el fuego devorador meando a caño libre la ciudadanía.

Cargando contenidos...