CRÉMER CONTRA CRÉMER
Ahora el estado de la comunidad
PRIMERO EL ESTADO de la nación y a continuación el Estado de la Autonomía, con su consiguiente debate para el conocimiento, aprobación y hasta impugnación, si viniera al caso, del Estatuto de Autonomía de Castilla y León, que es a donde nos han colocado a nosotros y lo que nos corresponde debatir. No será necesario que adelantemos que sobre cualquiera de las cuestiones que se pudieran derivar de estos enunciados, la muy importante del rescate real de la autonomía de León, forma parte principal del compromiso que obligará sin duda a los representantes de León a intentar una vez más batallar por la reconquista de la realidad leonesa. ¿Puede ser este evento de tal naturaleza que pueda impedirnos contemplar el proyecto de la independencia leonesa como una de nuestras más constantes reivindicaciones históricas? Sería muy difícil acertar con la respuesta precisa y positiva, considerando que dada nuestra condición de españolitos de las dos Españas machadianas para ambas posiciones disponemos de batalladores conspicuos y bien dotados de armamento históricista, pero inevitable también surgiría la réplica amenazadora: ¿Resulta conveniente y necesario proseguir la batalla y destruir a una de las facciones pugnaces? Quizá no. Para el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, el tema de la reforma del Estatuto de Castilla y León es trascendental y no vale esquivarle para no caer en el tópico o en el desmadre político. Si se nos permitiera exponer alguna forma de opinión para el desembarazo de este gravísimo compromiso, nos veríamos obligados a retener en la memoria el cuerpo de doctrina en el que se apoya la actitud y el comportamiento de la Junta y de su presidencia, sobre todo cuando ésta adelanta que «hay que explicar a los ciudadanos que se si acomete este 'proceso de reforma', es para servir mejor a la comunidad», lo que obliga a prestar atención a las cláusulas del contrato que se derive de los debates que se produzcan en la magna reunión de Fuensaldaña. Ahora bien, lo que quizá resulte de obligado conocimiento y de más obligado estudio, es el dominio del tema y el dominio de las ideocracias, no vaya a ser que por servir a la retórica, se nos vaya el santo a las nubes y todo siga como está. Cuando la verdad es que no nos interesa a ninguna de las partes posiblemente contratantes que nada se mueva y que se ofrezcan como leyes inapelables normas que pueden ser corregidas y aumentadas. Castilla y León está pasando por una de sus etapas más importantes y si no aprovechamos la oportunidad que puede depararnos el debate sobre la reforma del Estatuto, podemos estar en peligro de caer en el tremendo error de creer que no nos equivocamos nunca y que tenemos en la mano la varita mágica de los milagros. Aparte de los grupos políticos a los que corresponde enfrentarse con generosidad y conocimientos con estos asuntos, los sindicatos agrarios se afanan en proponer que se tenga en cuenta la estructura productiva, poblacional y territorial de Castilla y León. Nada más. Pero nada menos. 1397124194