La exposición a la luz hace aumentar el peso y el tamaño de las lubinas macho

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M. García - león
León

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Un equipo de investigadores del Instituto de Acuicultura de Torre la Sal, en Castellón, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha descubierto que la exposición continuada a una fuente de luz artificial permite obtener lubinas macho de mayor peso y tamaño y con menor susceptibilidad a enfermedades. El sistema consigue retrasar la aparición de la pubertad en los machos de lubina y eliminar a los machos precoces, y su interés se explica por el abandono del crecimiento corporal que se produce en la pubertad, cuando toda la energía se reconduce al desarrollo de los órganos reproductores. Según Manuel Carrillo, responsable del proyecto, las lubinas se comercializan precisamente a la edad en la que aparece la pubertad del macho, en el segundo año de vida, por lo que la limitación del crecimiento dificulta, lógicamente, su comercialización. El método se aplica a las lubinas cuando alcanzan la pubertad, y consiste en la exposición a períodos largos alternos de 16 horas de luz y 8 de oscuridad. La luz procede de lámparas colocadas sobre jaulas flotantes o tanques en tierra. «Los animales que salen al mercado pesan entre 300 y 400 gramos. El objetivo es retrasar este proceso para que tengan más tiempo de crecimiento. A la industria le interesa contar con un producto que alcance un mayor tamaño y peso, que proporcione una mayor rentabilidad económica», explica Carrillo. Según se indica desde el Departamento de Comunicación del CSIC, los investigadores han dado además respuesta a otra preocupación habitual de los piscicultores al conseguir erradicar los machos precoces. Las lubinas machos presentan un porcentaje muy elevado de precocidad, que puede alcanzar hasta el 30% de una población y consiste en que adelantan el desarrollo de sus gónadas al primer año de vida, lo que provoca que durante el segundo año crezcan menos que los ejemplares que siguen una evolución ordinaria. Además, los machos precoces son más susceptibles a enfermedades y más difíciles de comercializar. «Aplicando la luz continua sobre las lubinas desde que tienen cuatro meses de edad, cuando apenas cuentan con dos o tres gramos de peso, se inhibe completamente la aparición de machos precoces al alcanzar el primer año de vida», afirma el investigador del CSIC. El equipo dirigido por Carrillo ha detectado que las hormonas implicadas en el retraso de la pubertad en la lubina, así como en la inhibición de la precocidad, incluyen principalmente a los factores liberadores hipotalámicos de las gonadotropinas en el cerebro y en la hipófisis, así como los esteroides en las gónadas, que resultarían inhibidos por la exposición continua y crónica a la luz. No obstante, son conscientes del coste económico y energético del empleo de luz artificial continuada a través de lámparas fluorescentes, y sobre todo, por el estrés que ésta produce en los animales. Por eso, ahora dirigen su investigación a optimizar la administración de esa fuente de luz, reservándola exclusivamente al momento en el que se produce la formación de gametos. Una vez localizado ese período crítico de sensibilidad, calculan que con uno o dos meses (en lugar de doce) de exposición a la luz sería suficiente, lo que permitiría reducir el tiempo de intervención experimental con una máxima eficiencia.

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