Un médico deberá indemnizar con un millón a una niña con parálisis
Un juzgado de Olot ha condenado a un ginecólogo del Hospital Sant Jaume de la población a indemnizar con un millón de euros a una niña que padece graves lesiones cerebrales debido a una insuficiencia cardíaca que sufrió durante el parto y ante la que el médico tardó tres cuartos de hora en reaccionar. En la sentencia el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Olot condena al ginecólogo a 360 euros de multa por una falta de imprudencia leve y declara responsable civil subsidiario al hospital, de titularidad privada concertada, y a la aseguradora del mismo. Además, obliga a los condenados a pagar otros 135.000 euros de indemnización a los padres de la niña, que fueron los que en mayo del 2002 presentaron una denuncia contra el servicio médico del hospital por los daños cerebrales que sufrió su hija. Según cree probado el juez, la madre de la niña, que se encontraba en la fase final de la gestación, acudió en noviembre del 2001 al servicio de urgencias del Hospital Sant Jaume de Olot, donde ingresó tras ser atendida por la comadrona de guardia, que le administró un antibiótico tras detectarle presión arterial alta. Cuatro horas después, hacia las seis de la mañana, la paciente fue trasladada a la sala de partos, donde se le administró la anestesia epidural y fue monitorizada, con lo que se apreció bradicardia en la frecuencia cardíaca del feto. Hora y media más tarde, y una vez había roto aguas por un tacto practicado por la comadrona, la paciente fue visitada por el ginecólogo condenado, que le comunicó que no había llegado aún el momento del parto y abandonó la sala. Unos minutos más tarde, la propia madre de la niña se percató por el monitor de que la frecuencia cardíaca del feto era muy baja -de entre 30 y 40 pulsaciones por minuto-, por lo que el padre corrió a avisar a la comadrona. Pese a que la comadrona lo telefoneó en múltiples ocasiones, el médico no pudo ser localizado y no acudió a la sala de partos hasta pasada las 8,00 de la mañana, tras lo que acordó llevar a cabo una inducción al parto y extrajo el bebé, con la ayuda de las espátulas. Debido al sufrimiento letal agudo que experimentó en los instantes previos a su nacimiento, con parada cardiorrespiratoria y bradicardia aguda, la niña sufrió lesiones cerebrales irreversibles, entre ellas encefalopatía grave y epilepsias generalizadas, lo que la convierte en un ser limitado para su vida diaria.