CORNADA DE LOBO
Obcecados
HACINADOS en un refugio habilitado contra la rociada de muerte y fuego con que Israel hace llover furias ciegas, unos libaneses muerden su pánico y agazapan hasta el respirar para que la muerte no les intuya. La vida del refugio es tediosa y las angustias se alivian cuando allí pasa algo cotidiano, algo normal que conjure la situación extraordinaria de la catacumba. Un nacimiento, por ejemplo. Parió una mujer y un suceso así tiene en un refugio el carácter sagrado de los símbolos. El padrinazgo es colectivo y el significado de esa vida nueva es un emblema para quien está perdiendo tierra, existencia y esperanza ante la razia salvaje de un ejército israelí que ahora es un babilonio expansionista y un Goliat investido de grandonismo (David con su honda ¿sería hoy palestino?). Ese niño que nació bajo bombazos en el refugio fue un alegrón, pero no vino con pan bajo el brazo. ¿Qué traerá ese niño en vez de hogaza?... Por ahora, el nombre. Sus padres decidieron llamar a su criatura «Raf», en honor a un misil de mayor potencia que los katiushas de los jizbulás, misil conocido como Raf y en el que confían los libaneses y palestinos refugiados para replicar con mayor contundencia en la revancha soñada por justa. Tengo nombre de misil, dirá ufano ese niño cuando vaya a la escuela en pocos años (si es que vive y no se la bombardearon). En ese nombre va también una espoleta retardada, una consigna, un «no olvido» con su «jamás perdono». Porque los nombres nunca son inocentes, van con mandato. En ocasiones, un simple nombre determina y orienta el futuro de un chaval. ¿Pero llamarlo misil qué mandato tiene?... Es como ponerle a un niño el nombre de Espada, Cañón o Catapulta. ¿Cómo te llamas?... ¿Yo?, Panzer, como los carros acorazados de la industria guerrera alemana, ¿y tú?... Yo, Obús, para rezar antes de acostarme lo de « Obusito de mi vida, eres muerte como yo, por eso te quiero tanto y te doy mi reventón»... Raf -Rafita, dirían aquí- crecerá con cerebro de trilita, le destetarán con explosivos juramentos de venganza y él mismo podría volarse un día en un supermercado de Haifa activando un Corán como detonador. Cada bomba israelí -lo saben- es nuevo odio sembrado; y así, cuando crezca, se arrogarán otra vez el derecho a segarlo. Lo tienen calculado. Y Yahvé que lo vea.