Diario de León
Publicado por
CARLOS G. REIGOSA
León

Creado:

Actualizado:

PATRICK Cordingley, jefe de las tropas británicas en la primera guerra del golfo Pérsico (liberación de Kuwait), fue, desde el primer instante, uno de los más feroces críticos de la segunda guerra (la de Irak). Cordingley argumentaba con sencillez y claridad: «Si durante cincuenta años fuimos capaces de contener a la Unión Soviética, ¿cómo no íbamos a contener a Sadam Huseín unos meses más, hasta que tuviéramos la confirmación de los inspectores de la ONU de que su país era un peligro para la humanidad?». Su pregunta no tuvo entonces respuesta porque el objetivo estadounidense era la guerra de Irak a cualquier precio, incluso al desproporcionado que se está pagando y que por entonces era inimaginable (recuérdense las bravatas sobre la brevedad del conflicto que lanzaban el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, y sus acólitos). Pero tres años después la pregunta de Cordingley se ha convertido en una respuesta incontrovertible: se podía contener a Sadam Huseín tanto tiempo como se quisiese («Irak no suponía un peligro real para nadie»), lo que ocurría era que no se quería. Bush había declarado la guerra al terrorismo internacional y se lanzó sobre un país en el que, por entonces, paradójicamente, no estaban las milicias de Al Qaeda ni existía una política de apoyo al terrorismo islamista. Sólo había un déspota arrogante y achulado sin el cual, ciertamente, el mundo está mejor. Esta es una de las pocas verdades que nos ha podido ofrecer Bush sobre Irak, y ya hay incluso quien la pone en duda a la vista del panorama actual de soterrada confrontación civil. El conflicto se ha endiablado de tal manera que ya ni siquiera las viejas preguntas sobreviven (me refiero a las que hablaban de armas de destrucción masiva y los riesgos de su uso, entre otras). Solo queda otro conflicto enquistado en Oriente Medio para el que nadie tiene una solución a corto plazo. Suena horrible decirlo, pero lo único que está garantizado es que el derramamiento de sangre continuará. Bush puede rebautizarlo cuantas veces quiera, pero lo que hay es una espantosa guerra civil sin traza de mejorar. ¡La hoguera de las vanidades americanas!

tracking