Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

Creado:

Actualizado:

ABSOLUTAMENTE LEGALES, con sus papeles pasados por todos los registros y después de haber conseguido la subvención que, como extranjeros, les corresponde a la hora de establecerse en la Cámara Oficial de Comercio e Industria, se han instalado en mi barrio, tan correctamente leonesista o Lleunés, los chinos. Cuando en el año final del siglo pasado los estadistas, los sociólogos y los teólogos ejercitaban su capacidad de investigación, llegaron a la conclusión de que Splengler, que había anunciado con tiempo y con alarma, la invasión del «Peligro Amarillo», tenía razón y por las calles de la pacífica ciudad de Don Guzmán comenzaron a circular los primeros conquistadores de la Península Ibérica, llegados de la China de la guerra del opio y de la futuridad de Mao-Tse-Tung. Eran humildísimos hombrecitos, pequeñajos, feos y con la mirada torcida y ofrecían, con voz rota «collares a tres pesetas». Y nadie compraba los collares de los chinitos. En la escuela de los hermanos Maristas, a los discípulos mejor dispuestos para el entendimiento de nuestra misión como misioneros del Oriente idólatra, les ofrecían la oportunidad de socorrer a los chinitos mediante una caridad de lo más cristiano. Y céntimo a céntimo de pesetas, de las de antes, incluso alcanzábamos la cantidad suficiente como para librar a un niño chinito, todavía sin acabar de hacerse. Y se nos concedía una estampita y la bendición apostólica. Bueno, pues ahora y en esta hora de Zapatero, tan cargada de compromisos laicos y religiosos, en León, concretamente, puede ser que se cuenten hasta tres millares, legalmente aparcados en nuestras calles y plazas, los chinos con comercio abierto. Y yo no digo ni dejo de decir que efectivamente estemos a punto de ceder, contagiados por el peligro amarillo del «Todo a ciento», por ejemplo, ni es previsible que el sobrante humano de la China reinante se nos eche encima y nos agobie, pero sí que de no establecer normas eficaces para defender al leonesismo, el catalanismo, al galleguismo y a tantísimos ismos como pueblan la España de Isabel y de Fernando, acabaremos inevitablemente en manos de los chinos, como Shangai o como el mismo Pekín. Y si al mismo tiempo no se establecen fronteras para impedir que se nos metan en casa, -ahora sí que ilegalmente- tanzanios, marroquíes, ecuatorianos y demás gentes necesitadas de pan y de justicia, nos veremos los leoneses entre los grupos étnicos del universo mundo más mezclados, más confundidos, más agobiados. Ciertamente todos los pueblos, democráticamente, tenemos derecho a vivir, a comer y a disponer de un techo sin goteras, pero piensan en mi barrio, ahora que se ve invadido por los chinos más activos de la historia, que convendría establecer unas reglas, unas medidas, unos derechos que no impliquen paralelamente el hundimiento en la nada del prójimo. Porque la libertad, señores y señoras de la sala, consiste en no invadir precisamente el espacio que por derecho corresponde al vecino. Chinos sí y moros de la morería, y gentes de todo. Pero también españoles de España, amenazados de tener que echarse al monte.

Cargando contenidos...