CRÉMER CONTRA CRÉMER

El tabaco mata, ya lo sabemos

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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LO MISMO QUE ASEGURAMOS, en nuestra condición de católicos, apostólicos y romanos que los designios de la providencia son inescrutables, podemos decir que efectivamente el tabaco mata. Pero tampoco es como para descuidar por esa razón, muchos otros problemas que nos están afectando gravemente: también mata el vino, y el orujo y el armamento para la guerra y el automóvil en carretera y un señor de Palencia que le do por matar a su vecino. Con razón aquél filósofo germano se salió por peteneras asegurando que, según sus análisis y conjeturas, «el hombre y la mujer son seres para la muerte». Pero es que verá usted, señor, resulta que durante la última o la penúltima indagación sobre la violencia del género, que es como ahora se le suele llamar al barbarismo de matar mujeres por un quítame allá esos cuernos o por aquello de que «o mía o para nadie» resulta, digo, que llevamos matando a más de cincuenta mujeres a mano armada o ahogándolas con las propias manos que sirvieran en su momento para jurar amor eterno, sobre el fuero matrimonial y ante la representación de Dios sobre la tierra. Y cincuenta y pico de mujeres asesinadas de una tacada, como quien dice, son demasiadas mujeres para no situar a esa variedad de la criminalidad en el primer término de los asuntos de gravedad a tratar con urgencia, antes que la nueva variación de la tabacalería en danza y de los millares, ya millones, de inmigrantes sin papeles que se nos están metiendo en casa, ocupando el escaso espacio que todavía no habían vendido los ayuntamientos y la falta de puestos de trabajo para «el marido de la Sebastiana no va a trabajar, no va a trabajar, no va a trabajar» y no va a trabajar el marido de la Sebastiana porque entre los inmigrantes de Zambia, de Colombia y de Polonia, nos estamos quedando sin un palmo de tierra donde dejar sangre, sudor y lágrimas. La muy activa ministra y vicepresidenta del Gobierno, viaja mas que los baúles de la Piquer, intentando convencer a los países más ricos que nosotros, que nos echen una manos y nos ayuden a mantener negros, cobrizos y blancos desleídos. Porque de no atender debidamente, con talento y con energía a la solución de estos asuntos que sí que son prioritarios y no como otros, España y con ella los españoles supervivientes, se verán obligados a seguir el ejemplo del saboyanito de la balada: «Éramos muchos y el pan escaso / cada uno el paso fuera movió...» Esta que a nosotros, los del pueblo, se nos antoja falta de concentración para seleccionar lo que debe entenderse por urgencia y distinguirse de lo que es frivolidad electoral, está contagiando a nuestros organismos de más directo contacto, como ayuntamientos, diputaciones o cabildos, que anteponen a todo ejercicio de selección imprescindible el manejo de la ficción, la trampa y la apariencia. Lo que queda dicho para sus efectos. Aviso para caminantes: Dice el catecismo gitano que no quiere ver sus hijos con buenos principios. Pues bien, o por mal; cuando di comienzo a esta mi tarea de establecer contacto con los queridos lectores, me sorprende que allí, donde yo dije y escribí «me defiendo del calor de un tiempo de baldón y saña» El diablo, que todo lo enreda, corrigiera poniendo «en un tiempo de balcón y saña». Y la verdad no es eso, no es eso.

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