CORNADA DE LOBO
Póveri pueri
DRAMÓN bajo bóvedas: dijo el deán que esos chavales cantan algo mal y el coro de voces blancas que trinaba en la Catedral está en un sin vivir de lágrima y furia por tanto agravio, ayjuasús. Escandalera habemus. No se puede hacerle esto a unos críos, esta ofensa grave y desmoralizadora, se viene diciendo. Y al deán le están lloviendo coscorrones como obleas de pizarra al bies por pensar, más o menos, que ese coro tiene oreja de alpargata. ¡Póveri pueri cantores!, ¡pobres críos!... Padres de los escolanos, mentores del coro y hasta políticos que andan «a las caídas» se han sumado a dar pomada a los agraviados y, de paso, arrimarle estaca a ese deán que ahora anda en vilipendios por desproporcionar sus comentarios y bordear la injuria, según los ofendidos. Quizá el deán fue más allá de la prudencia, la corrección política, lo oportuno o piadoso, pero si el coro canta mal -y así dicen constatarlo los oídos lesionados- asegurarlo no parece insulto, sino descripción. Otra cosa es el por qué suena a lata esa polifonía blanca que el malvado llamará pollifonía o gatuperio de armonías. Los críos son los más inocentes de esta gresca. Si no saben cantar mejor, es sólo problema o carencia de quien les esté educando musicalmente o de las precariedades en las que sin duda vendrán realizando su trabajo y su incontestable afición de la que espero no deserten jamás, porque si hay algo que educa en la belleza y socializa como nadie es la música, especialmente la vocal que obliga a empastarse y formar un solo sonido entre decenas de flatos distintos. Y si ese coro es endeble de conjunción, tacaño de acorde, pobre de repertorio y destemplado de tono, cantar en la Catedral puede ser un privilegio que le quede ancho y, en este sentido, el deán parece en su derecho de alegar que algunos sonidos rayan las tripas a los santos (claro, que cuando cantan los canónigos el oficio divino arrellanados en nogal de sillería, no pocas veces pareció la cosa coro de grajos somnolientos que arrastraban cada nota más que las paisanas de Pedrún los kyries de la misa De Ángelis). Hágase de verdad un coro de voces blancas, empéñense en becas y formación, sean serios... o al final de sus conciertos el deán podrá decir -ahora ya más piadoso- aquello de «que sigan, que sigan... hasta que aprendan».