Una alimentación adecuada reduce los daños y síntomas de la artrosis
Según un informe de la Fundación Eroski, varios datos clínicos han probado que el aumento del dolor y la inflamación articular característicos de la artrosis pueden estar más relacionados con nuestra dieta que con otros fenómenos con los que tradicionalmente se han visto asociados, como los cambios meteorológicos o de presión atmosférica. La formación de ácido en el organismo depende fundamentalmente de la alimentación ingerida, y a más ácido, más inflamación y más dolor. Un consumo excesivo de proteínas como consecuencia de una dieta muy rica en carnes, pescados, huevos, quesos, legumbres o frutos secos perjudican a las personas con artrosis. Según el informe, aunque parezca una paradoja, las denominadas frutas ácidas, como los cítricos o algunas manzanas, tienen un efecto neutralizador de los ácidos corporales y, además, ayudan a la eliminación o dispersión de los minerales que pueden formar depósitos en el cartílago y acentuar el dolor. Vegetales como el apio, berro, perejil, rabanitos, tomates, lechuga, col y zanahorias, preferiblemente crudos y en pequeñas cantidades, constituyen un apoyo dietético con propiedades depurativas y desalcalinizantes, lo cual es muy apropiado para las personas afectadas de artrosis. Todas las carnes, pescados y quesos (salvo el requesón) deberían reducirse a un mínimo. El objetivo es tan sencillo como tomar cualquiera de estos alimentos sólo una vez al día y evitar raciones abundantes. Los huevos pierden carácter alcalinizante cuando se mezclan con leche. Legumbres como las lentejas, guisantes o frutos secos pueden alternarse también con las carnes, quesos y huevos para obtener un aporte proteico que no recargue la producción de ácido. La sal, el adobo y la mayoría de las salsas, como las bebidas alcohólicas, el café y las frituras son más perjudiciales que beneficiosas.