Diario de León
Pedro García Trapiello

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MÁS GRAVE para la salud moral de un país y tan guarra o más que la corrupción galopante del ladrillazo en ojo de contribuyente es la sagrada institución del enchufismo, esa prevaricación sutil, tolerada y universalizada que roba impunemente una parcela del estado para concedérsela a título personal y como puesto vitalicio al amigo, a la sobrina lerda, al conmilitón... o al que pague el favor del engrase, pues a veces hay que aflojar millones para grapar al nene a la ubre del común. A todos estos deudos se les viene contratando para puestos o mandados que exigirían concurso público para garantizar que en cada puesto estará siempre el más capacitado, pero se hace el apaño o el atropo eligiendo la vía digital, la vía laboral o la vaginal, pues de siempre se supo que varios son los caminos que conducen a la Roma de Nepote. ¿Quién cree a estas alturas de la comedia política que todas las oposiciones públicas son escrupulosamente limpias como exige la propia ley y una mínima decencia democrática?... Cada partido que campa en institución pública sabe que tiene licencia (y hasta consentimiento o el silencio útil de la oposición) para empotrar a todos los fieles posibles en la nómina del dedo. De esta forma, quien le sustituya tendrá siempre doble razón para hacer lo mismo... y aumentarlo. Así, sucesivamente. Desde Larra y desde antes. El aparato funcionarial de este país crece como las cebollas, en capas superpuestas. Y no cesa... ¿Cuántos se meten en un partido entendiéndolo más que nada como oficina de colocación, como la senda del empalme?... Y a sobar, a dejarse, que la función pública es la única empresa de este país que no despide, no regula plantillas, no quiebra... y siempre crece. Estas cosas pasan hasta en universidades, que tienen obligación de ser espejo ciudadano de limpieza intelectual y laboral. Por esta razón en Alemania nadie puede optar a un puesto en la universidad en la que estudió o se licenció. Buena norma. Hasta Franco entendió que un gobernador nunca podía serlo de su provinca. Así las cosas, va procediendo que los funcionarios (como los profesores de historia) sean de fuera... o que les examinen en otra comunidad, lejos de las caras amigas, de los dedos protectores o del culo fraterno... porque nadie tiene la certeza de que siempre se elija a los mejores.

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