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EN ESE museo que aún sigue sin lograr saber lo que musea o debería musear aunque insista en bailes apretaos entre musas de Alcorcón, musos con pintas, musitadores sin cuento y muses hueros con órdagos al presupuesto, aloja estos días en su musealidad museante unas jornadas en las que se presenta, dice el cronista, «una atrevida mezcla de alta cocina y peluquería», una pareja de hecho entre un «cocinando con quesos» y la haute coiffure, que es como llamamos los pijos al alto copete. Nada mejor que un museo para estas fusiones. Diez quesos castellanoleoneses y un peluquero por medio deben ser la rehostia contemporánea de la modernez museable. Así que... páguese al proveedor, úntese la rebanada, invítese a las moñitos... y vístase la Junta de coñito o canalón, pues por su Musac le están dando sin duelo y caras pone de que le gusta una barbaridad. Pasen y vean: quesos y mechones, fondís y greñas divinas, olor de pies y lacas perfumadas. A paladear, a tragar. Y el trágala seguirá reinando en la acera de los mirones. Los pobrecitos y brutos provincianos con los pies en el barro de su ignorancia no hemos alcanzado nivel ni derecho a estas sutilezas geniales, esta grandeza cultural que sólo consiguen paladear las almas cultivadas, evolucionadas, fusionadas, performanceadas, formateadas con esmalte en las pestañas... y pasadas por el secador. Peluquería y cocina superflai, qué bien, quesos e informales escarolas peluqueras que terminan en cola de rata o rabo de curro (curro es pato, tontolhigo: y todo esto, plato al tiro con pólvora del virrey... de este virreinato autonómico, o sea, por la patilla... o con patillas de bandolero del arte por esas serranías en las que todo el monte es orgasmo... o botillo con tacones... ayjuasúsjuasús, dice una señora del Crucero). Con este revuelto, con esta novedosísima propuesta matrimonial entre un fundido y un moldeado, lo más normal será encontrar pelos en el plato... o que te los tomen... y, además, de postre, que te la den con queso. Más o menos (con pelambres o sin ellas, con leche de cabra cuajada o con queso de borrego sin miel), esta parece venir siendo la norma y calculado criterio de este Museo de Arte Contemporáneo, ampuloso y ceremonial título de tres palabras en el que dos son mentira... Y para relamerse, queso con champú al huevo.

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