Los contenedores de residuos nucleares son menos resistentes de lo previsto
Los residuos de alta actividad procedentes de las centrales nucleares y de las armas atómicas están dañando antes de lo previsto los materiales que se utilizan para su almacenamiento. Así se recoge en una investigación realizada por científicos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), cuyas conclusiones se publican en la revista Nature . Según el estudio, los bidones en los que se almacenan, que están forrados por un compuesto cerámico especial (silicato de zirconio) no soportarán el bombardeo de átomos de plutonio y se desintegrarán en un plazo de 1.400 años, muy lejos de los 250.000 años necesarios para que la radiación letal se desactive completamente. El silicato de zirconio es uno de los minerales más resistentes que se conocen, está considerado como el más antiguo del planeta y contiene elementos radiactivos como uranio y torio, lo que indica que se ha comportado geológicamente como un sistema cerrado ya que ha soportado sin alterarse los acontecimientos geológicos más extremos desde la creación de la Tierra, hace 4.500 millones de años. El plutonio y otras sustancias radiactivas como americio y curio almacenadas en todo el planeta emiten grandes cantidades de radiaciones alfa que dañan la estructura cerámica. Han comprobado que, sobretodo, no resiste las partículas alfa del plutonio 239 y se producen ionizaciones cuando atraviesan los materiales, cambios de densidad y cristalinidad en el material, así como dislocaciones atómicas. Para llegar a esta conclusión, los científicos sometieron a los compuestos a un bombardeo de radiación por resonancia magnética nuclear que simulaban las condiciones existentes dentro de los bidones y pudieron comprobar que el desplazamiento de los átomos de zirconita es mucho mayor de lo que se suponía. A pesar de estos resultados, los expertos afirman que la gestión de los residuos nucleares de alta actividad cambia con el paso del tiempo debido a los avances científicos y tecnológicos y confían que en el futuro se pueda reducir el tiempo de desintegración de los mismos. Se cuestiona, igualmente, la supuesta seguridad a la hora de enterrar los residuos radiactivos en un Almacén Geológico Profundo (un emplazamiento en un silo construido a más de 500 metros de profundidad y ubicado en una zona estable rica en granito, arcilla o sal) porque se producirían fugas radiactivas al poco tiempo.