El «James Cook» analiza un misterioso agujeromarino a cinco kilómetros de profundidad
Un equipo de científicos británicos, a bordo del buque oceanográfico «James Cook», está dispuesto a descifrar los secretos que esconde un extraño agujero que se encuentra en el Atlántico a 5.000 metros de profundidad y que mide cerca de cuatro kilómetros de diámetro. Los investigadores afirman que este agujero puede ser como una ventana al centro de la Tierra, por lo que permanecerán en el buque durante casi dos meses navegando por aguas atlánticas, concretamente entre Tenerife y Barbados, con el fin de averiguar por qué han desaparecido de la corteza terrestre cientos de kilómetros cuadrados y han dejado al descubierto el manto, es decir, la capa del interior del planeta. Este hallazgo ha dejado desconcertados a los investigadores porque pensaban que el agujero estaría lleno de material volcánico procedente de las profundidades, al haberse formado por la separación de las placas tectónicas. Esta ausencia de capa volcánica permitirá a los científicos acceder al material del manto utilizando un robot, bautizado como Tobi, que se posará en el suelo marino para perforar el manto y tomar muestras del mismo a distintas profundidades, que serán analizadas en el mismo buque por los geólogos y físicos que forman parte de la expedición. Esperan encontrar peridotito, un tipo de roca muy denso que se cree es el componente principal del interior del manto. Además, y según han explicado los científicos, tratarán de tomar las medidas exactas del inmenso agujero con el fin de determinar su tamaño, comprender los mecanismos de su formación así como de los procesos que tienen lugar en el interior de la Tierra. De momento, creen que la formación del agujero se debió a la combinación de dos teorías. La primera apunta a que cuando las placas tectónicas se separaron, en lugar de hacerlo el manto en forma de magma, lo hizo como un bloque sólido. La segunda es que la corteza se rasgó hacia los lados formando un agujero sobre el manto. Esta expedición constituye el primer viaje del James Cook, el nuevo buque oceanográfico del Reino Unido que sustituye al anticuado Darwin, y está financiada por Consejo de Investigación de los Entornos Naturales y por el Fondo de Instalaciones Científicas a Gran Escala del Ministerio de Comercio e Industria del Reino Unido. El buque está dotado de equipos e instalaciones multidisciplinares que permitirán que la docena de científicos que viajan a bordo puedan desarrollar su investigación en cualquier océano del planeta, lo que le convierten en uno de los buques de investigación más avanzados del mundo.