Cosas de aquí

El vino de la viña del obispo

La bodega berciana Viña Albares, ganadora de un Zarcillo de plata con uno de sus tres excelentes vino blancos, presenta en sociedad su patrimonio histórico, medioambiental y enológico

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B. Fernández - león
León

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Heredera de un patrimonio histórico envidiable representado en el torreón mandado construir hace más de un siglo por don Antolín López Peláez (Manzanal del Puerto, 1866-Madrid, 1918), obispo de Jaca desde 1905 y arzobispo de Tarragona a partir de 1913, y de una riqueza medioambiental extraordinaria, desplegada a lo ancho y largo de un viñedo probablemente sin parangón en el Bierzo, la bodega Viña Albares presentó en León la concreción de su trabajo de los últimos años a través de seis de sus vinos, salpicados con apuntes de los que será su proyecto de enoturismo, que lógicamente girará en torno a las veinticinco hectáreas de viñedo propio, ubicado en un marco natural de extraordinaria belleza. Lo hizo de la mano de su enólogo Raúl Pérez Pereira, referencia imprescindible para hacer una interpretación cabal de la historia contemporánea del vino berciano. Eligió para la ocasión dos de los tres blancos de nuevo cuño de la casa, los Uve A chardonnay-gewürztraminer y el monovarietal cabernet blanc que acaba de recibir un Zarcillo de plata en los premios que se hicieron públicos el pasado sábado. Admitida con recelo por parte de los asistentes la afirmación de Pérez Pereira de que «no es éste el mejor blanco de la bodega», defendió el enólogo las ventajas de los procesos de elaboración, basadas en una querencia particular por las prolongadas fermentaciones a bajas temperaturas y las largas extracciones para obtener lo mejor de la uva. Un godello fermentado en barrica de elaboración ajena dio paso a un singular rosado Viña Albares elaborado con mencía y shyrah. En realidad un cambio de tercio hacia los excelentes tintos de la bodega, empezando por un Tierra de Albares joven, elegante en boca y en nariz, sutil en todos sus perfiles y extraordinariamente femenino, tal y como lo definió el autor, que lo es también de una acuñación histórica que resume se interpretación de la actividad enológica: «No hay vinos perfectos, sino vinos con matices». Un Viña Albares tinto joven del 2005, ajeno también a Pérez Pereira, precedió a otra de las estrella de la bodega: el Quinta del Obispo. Se trata de un tinto de larga permanencia en barrica y delicada influencia de la madera sobre las excelencias del varietal. Recuerda el vino en su denominación al obispo poseedor de aquellos pagos que miran al sur y se rinde al Boeza. Tanta belleza cautivó sin duda a López Peláez hasta el punto de ordenar construir el torreón que convirtió en lugar de descanso y recogimiento. Pronto lo será también de los amantes del vino y de la naturaleza.

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