| Reportaje | 35 años de una fotografía |
Kim Phuc, de víctima del napalm a embajadora de la paz en el mundoLos niños que sufrieron el 11-M no loolvidarán y tendrán siempresecuelas
Logró superar el odio y perdonar. Convertir la experiencia más horripilante y dolorosa de su vida en la más positiva. Pasar de víctima de la guerra y sus horrores a embajadora de la Paz y la reconciliación. Kim Phuc, la cría vietnamita que con sólo 9 años corría despavorida, desnuda y abrasada por el napalm en una foto que conmovió al mudo hace 35 años, es hoy una madre feliz y una mujer comprometida con la Paz y la infancia. De la mano de Save The Children y en apoyo a su campaña 'Reescribamos el futuro', Phuc ha llegado España para explicar que es posible convertir el odio en amor y dar educación y un futuro a ocho millones de críos castigados por la guerra. Ataviada con un vistoso y cerrado vestido de gasa malva y con flores blancas y amarillas que cubre sus terribles cicatrices, en el dulce español que aprendió en Cuba, apoyada en el amor de su marido y sus dos hijos de 9 y 13 años, Kim Phuc explica en España como cambió su vida aquella fatídica jornada del 8 de junio de 1972. El dái que conoció el miedo. Un instante que congeló para la historia Huynnh Cong 'Nick' Út, el mismo fotógrafo vietnamita que le salvó la vida tras tomar la fotografía que le daría el Pulitzer y que se ha convertido en un de los más poderosos alegatos contra la guerra del muy violento siglo XX. Una imagen que marcó el principio del fin de la guerra de Vietnam. Aquel día de hace 35 años Phan Thi Kim Phuc se había refugiado con toda su familia en un templo de su pueblo. Las bombas de napalm estadounidenses lo convirtieron en segundos un infierno a 1.200 grados centígrados. Kim Phuc recuerda con nitidez cómo vio «desaparecer» a varios de sus familiares, cómo su ropa se volatilizó, y cómo fue presa «de un dolor inimaginable» que le impulsó a correr despavorida. Casi todo su cuerpo, salvo la cara y las manos, quedó abrasado. En un hospital de Saigón pasó 14 meses más muerta que viva. Ha soportado 17 operaciones. Con terribles cicatrices y dolores que aún persisten, luchó por la vida y soñó con convertirse en médico «para devolver cuanto me habían dado». Esa fue su dolorosa segunda vida. Pero su sueño se tornó en otra pesadilla. La autoridades comunistas de Vietnam la sacaron de la facultad y la exhibieron por el mundo como «la niña de la foto». La convirtieron en un símbolo de la propaganda comunita. Con 19 años se veía a sí misma como un victima crónica y deseaba la muerte. Pero un golpe de suerte, la clemencia del primer ministro vietnamita, le permitió viajar a Cuba y concluir en la isla su carrera de medicina. Ahí comienza la tercera vida de Kim, hoy vive con su esposo Bui Hy Tian y sus dos hijos en Canadá, donde logró asilo político tras su boda en 1992. Cuatro años después viajó a Washington y conoció a uno de los pilotos que bombardeó su pueblo y mató a parte de su familia. Sollozando ante miles de veteranos, logró expresar públicamente su perdón y se convirtió en un símbolo mundial de la reconciliación. No fue un camino de rosas, como explica Kim, hoy embajadora de buena voluntad de la UNESCO y al frente de una fundación en pro de la infancia castigada por la guerra, «Perdonar no es fácil, pero lo logré» se ufana. «No culpo a nadie ni albergo odio en mi corazón. Pedí a Dios que me enseñara como perdonar y lo logré cuando recé por mis enemigos» dice esta delicada mujer que no dejó nunca de hacerse una pregunta: «¿por qué a mí?». «Vivir la guerra me mostró el valor de la paz. Vivir bajo el control del gobierno vietnamita me enseñó el valor de libertad, y padecer tanto dolor me hizo valorar la felicidad». . «El napalm es muy poderoso, pero la fe y el perdón lo son más» resume. Kim perdona sin olvidar y quiere decir al mundo que el perdón, además de posible, es necesario «Si la niña de la foto aprendió a perdonar, cualquier ser humano puede hacerlo», insiste. No oculta que también odió su famosa foto, que se le hizo insoportable. «Durante años esa foto me controló. Pero comprendí que, si no podía escapar de ella, podría trabajar con ella por la paz. La acepté como un poderoso regalo y ahora es una gran herramienta para mi verdadera causa: plantar la semilla de la paz». «Mi foto es un símbolo de la guerra pero mi vida lo es de amor, esperanza y perdón» sostiene ahora. «Cuando vean a esa niña de la foto corriendo y gritando, no piensen que llora por miedo y dolor. Llora Por la paz» concluye risueña. Los niños y adolescentes que vivieron los atentados del 11-M en Madrid «no olvidarán nunca» ese suceso y muchos de ellos sufrirán secuelas de por vida, según dijo la presidenta de la Asociación Española de Psiquiatría Infantil y Juvenil (AEPIJ), María Jesús Mardomingo. Esta psiquiatra, que atendió a diecisiete pacientes de esa edad tras el 11-M, ofreció una conferencia de prensa en Bilbao . Uno de los asuntos que se analizarán en este encuentro, al que asistirán más de 350 especialistas, son los efectos postraumáticos que los atentados de Madrid causaron en niños y adolescentes, colectivos que reaccionan de forma diferente según la franja de edad y que, en el caso de los preescolares, presentan síntomas muy difíciles de detectar. Según explicó la presidenta del comité organizador de la reunión, Arantza Fernández, en la franja de 6 a 10 años los niños son más capaces de expresar su sufrimiento y su tristeza, y en los adolescentes la reacción es ya parecida a la del adulto. Mardomingo explicó que la mayoría de estos niños y adolescentes sufren «re-experimentación» (imágenes del acontecimiento traumático); intentan evitar las situaciones que les recuerden la situación vivida, como los trenes o los andenes de una estación; padecen un «embotamiento afectivo», y desarrollan estados de «hipervigilancia y trastornos del sueño». La evolución y pronóstico dependerá, según precisó, de la intensidad del trauma, de las características individuales y familiares de cada uno, y de la atención y tratamiento que reciba, pero, según destacó, «no olvidarán nunca». «Muchos -dijo- no podrán llevar una vida normal y desarrollarán sentimientos de desconfianza hacia los demás, pero con el tratamiento intentamos que se adapten hasta conseguir que lo vivido no les condicione el resto