León. 21.00 horas. Las calles desiertas. Los bares llenos. La ciudad pegada al televisor. La afición al fútbol, dividida. Unos del Barça, los otros del Madrid. «Vamos a ganar la Liga. Seguro. El Mallorca tiene tomada la medida al Madrid», vaticinaba un forofo culé en el Bar Maratón, de la Avenida Doctor Fleming.
Al otro lado de la frontera, que marca el paso a nivel del barrio del Crucero, en el Bar Quevedo se vivía madridismo forofo desde la barra hasta las mesas del fondo, con la pantalla gigante como objetivo de todas las miradas. «Hoy no fallaremos», aseguraba un madridista enfundado en la camiseta de Casillas.
A partir de las 11.00 horas. Bares vacíos. Calles llenas. Jolgorio por todo lo alto en el centro de León. Banderas blancas, mascotas blancas y la fuente de Santo Domingo blanca. Los azulgrana, a la cama con cara de póker, mientras que el madridismo se daba un baño de multitudes estilo Ramón Calderón en el campo de la Romareda, pero en el agua de Santo Domingo.
Estallido de júbilo por todo lo alto, camisetas mojadas y banderas al aire. El centro de León se convertía en madridista por una noche. No faltaba ni el perro de la Puri ataviado con la elástica de Raúl.
La euforia estallaba con gritos dirigidos al perdedor: «Eto'o, cabrón saluda al campeón». Otros eran aún más radicales: «Puta Barça, el Madrid es el campeón». O «sí, sí, sí, la Liga ya está aquí». Nada nuevo.
Una ficticia réplica de la copa sirvió para emular el momento en el que los jugadores alzan su trofeo para la afición.
A pear de que la presencia policial era visible en las inmediaciones de la plaza de Santo Domingo, no se pudo evitar el lanzamiento de bengalas.
A pesar de las bajas temperaturas de la noche leonesa, lo aficionados hicieron un esfuerzo y se sumergieron en el agua de la fuente de Santo Domingo, como símbolo de homenaje a su equipo.
Algunos llevan los colores de su equipo en lo más íntimo de su persona y no dudaron en mostrarlos sin ningún tipo de verguenza al resto de los aficionados.