Desalinizar agua marina es un proceso muy caro, precisa mucha energía y emite gases nocivos
Las plantas desalinizadoras no son la solución, asegura WWF/Adena
España cuenta con 700 plantas y se quieren construir otras 30 antes de dos años
La derogación del Plan Hidrológico Nacional, basado en el trasvase del Ebro como solución a los problemas de sequía que padece de forma especial el sureste peninsular, llevó a la desalinización a alcanzar un protagonismo inesperado. Sin embargo, se ha comprobado que sin una ordenación territorial sostenible cualquier política hídrica con el objeto de proveer agua de forma ilimitada es inviable. España es el mejor ejemplo del mundo de cómo una larga historia de construcción de embalses, trasvases y desalinizadoras no ha sido capaz de garantizar el acceso al agua. En el informe «Fabricando agua: Desalinización, ¿alternativa o distracción para un mundo sediento?», la organización ecologista WWF/Adena muestra cómo los países con más escasez de agua potable (Australia, Oriente Medio, España, Estados Unidos, Reino Unido, India y China) se vuelcan en la desalinización como solución a sus problemas de gestión de agua. En todos los casos se trata de grandes áreas afectadas por escasez de agua y densamente pobladas. Impactos Según se afirma en el estudio, a pesar de las buenas experiencias en India para tratar aguas contaminadas con tecnologías de membranas, la desalinización no resolverá la falta de abastecimiento de agua que afecta a 1.200 millones de personas. Se estima que alrededor del 60% de las necesidades de agua dulce en el Golfo Pérsico se satisfacen con la desalinización, en gran parte mediante tratamientos térmicos, que tienen un elevado consumo energético. Perth (Australia) prevé satisfacer un tercio de su demanda por este método. España es uno de los países analizados, pero en muchos otros esta tecnología constituye una tendencia en aumento a la vez que una amenaza ambiental para las zonas costeras y para la lucha contra el cambio climático. Nuestro país cuenta actualmente con más de 700 desalinizadoras (2.000 millones de euros de inversión), que depuran más de 700 hectómetros cúbicos de agua (en su mayor parte para la agricultura y complejos turísticos en zonas áridas), estando previsto construir otras 30 antes de dos años. Jamie Pittock, director del Programa Internacional de Agua de WWF/Adena, afirma que «desalinizar agua marina es caro, requiere mucha energía y emite gases de efecto invernadero. Puede desempeñar en el futuro un papel limitado para obtener agua potable en determinadas circunstancias, pero en general existen otras herramientas para gestionar el agua que resultan mejores, más baratas y menos arriesgadas para el medio ambiente». Entre los impactos de la desalinización destacan los vertidos de salmuera que salinizan localmente el mar afectando a las praderas submarinas. Por otro lado, la limpieza de membranas requiere el uso regular de productos químicos (biocidas, anti-incrustantes y anti-espumantes) así como limpiezas puntuales (sólidos en suspensión y detergentes) cuyos productos se vierten al mar. Algunos de ellos tienen efectos negativos demostrados. Se desconoce el efecto sobre plancton, huevos y larvas de peces que contiene el agua marina. Como cualquier tecnología relativamente nueva, los efectos negativos se detectan cuando es demasiado tarde y muy caro darles solución. Además, la mayoría de las zonas afectadas por la desalinización intensiva ya habían sufrido daños en sus recursos hídricos, especialmente en las aguas subterráneas. Entre otro tipo de impactos, clasificados como indirectos, el informe cita que la ubicación de la planta desalinizadora puede degradar espacios naturales costeros. Que el consumo energético se calcula entre 2,6 y 5 kilovatios/hora por metro cúbico, lo que significa que por cada metro cúbico de agua se emiten entre 1 y 2 kilogramos de CO 2 . Por otro lado, la masiva construcción de plantas desalinizadoras podría incrementar las emisiones hasta en un millón de toneladas de CO 2 y dificultar el cumplimiento del Protocolo de Kioto. Además, con el uso de agua desalinizada se facilita la urbanización o el desarrollo agrario del entorno de la planta, especialmente si se subvenciona el precio del agua.