Despotismos
EOLO es dios lejano y ajeno que tiene peana cazurra en nuestra adoración bobina y bovina del bibelot urbano, esculturitis aguda que todo lo inunda con su fiebre de bronce, fasto y gusto despótico. Le entronizaron subrepticiamente en la puerta de la mentira, ese Arco de la Cárcel con falso Pelayo en su remate y un aljibe de Carolo III destruído por la municipalidad para abrir allí un tunelillo peatonal, furaco sobre el que ahora reina el careto metálico de ese Eolo que come chicle de purpurina plateada y hace con él globitos como grumos o ¿es una pedorreta nebulosa y reluciente?... Es una obra de arte. Vale. La firma un eminencia del pincel. Y forma parte de un panal de rica miel al que mil moscas se acercarán. Vale. Y es un orgullo para la ciudad de León contar con obra de un genio. Pues también. Y fue decisión individual y no democrática la dudosa autorización de esta instalación perpetua en la plaza de Puerta Castillo. Pues claro. No consultaron a nadie en este gesto de despotismo ilustrado. Porque el pueblo es chusma y no tiene criterio. Ahí le dimos. Cosas así se llamaron de siempre dictadura purita. Es que tampoco ninguna de las esculturas que plagan esta ciudad de nuevo rico con pijez de bronce salió a concurso de ideas o concertación pública, que aquí te ponen una bacinilla gigante en la glorieta y ya tenemos dónde poder echar con la mirada una meadita de alivio plástico. Pues eso... Ecologistas en Acción ha denunciado con todos los predicamentos administrativos la implantación ilegal de este dios Eolo que está soplando su burla en la nuca de la plaza y sus vecinos. La verticalidad de la decisión se ha consumado. El despotismo concejil, también. Los amiguismos se mantienen en pie. Pues viva el arte. Viva la aritmética. Y ahora, vengan moscas, vengan miasmas, vengan monstruos... No conozco personalmente al genial autor de este ataque broncíneo a la muralla y paredes de esta plaza, pero me consta que en cenorrio madrileño me prometió algún guantazo por expresar mis opiniones contrarias sin la debida unción... y criterio. Pues vale. Pues me doblo: lo suyo es privilegio y dictadura. Y al menos, podía pagarlo, pues colocar género o mercancías utilizando la vía pública como escaparate tiene sus tasas que todo tendero afloja. Y hacerlo chuleando un monumento, más.