CRÉMER CONTRA CRÉMER
La guerra de los topillos
LEÓN Y CASTILLA están, estamos en guerra abierta. Siete millones de inmigrantes, en forma de ratones de campo, andan sueltos. Y dado que ni la Junta de Castilla y León, invadidos, ni los sabios líderes leoneses que andan locos con su tema de imponer el lenguaje del leonés de Braganza a los ciudadanos de la Sobarriba, nos estamos sintiendo incapaces de hacer frente al desafío subterráneo que no obstante su sistema de combate, los ratones están convirtiendo en un estado de guerra del cual, digan lo que quieran los alemanes contratados, no nos va a quedar, al final del ejercicio ni un cardo borriquero para las ensaladas del soldado. Aquí está fallando casi todo: Y una de dos o de tres: Los intrépidos ratoncillos no aceptan la primacía de Valladolid y dedican todas sus fuerzas a imponer su ley a los del otro lado o los castellanos, los leoneses, los alemanes y los llamados españolitos beligerantes, no dan una ni conocen a estas alturas cuáles pudieran ser las estrategias que dieran al fin con la derrota súbita de los tales. De lo que ya vamos estando seguros los leoneses es de la inutilidad de la Junta con todos sus beneficiarios y sus sabios, contra los topillos invasores, que ni siquiera han necesitado apelar al principio social de la hambruna para establecerse en España, ni en sus encuentros con técnicos y científicos, incluso europeos, hayan logrado dar con el sistema, con el producto, con la estrategia que acabe con estos animalillos, tan graciosos y tan insaciables. Y no es por nada, pero ésta es una prueba para todos los responsables de la España plural, porque si Organismos tan bien dotados y tan ricos en aventura, como Valladolid, Burgos, Salamanca, León, Zamora, Soria, Segovia y Ávila, cada uno con su historia y con sus proyectos no son capaces de encontrar un resquicio por el cual penetrar con sus tropas, con sus guardias civiles, con sus soldados eméritos, con sus millones de tanzanios, de ecuatorianos, de senegaleses y de marroquíes; sí estamos a punto de declarar España zona catastrófica por culpa de los topillos, entonces será llegado el momento de descubrir, asustar y condenar a tanto inepto, a tanto cantamañanas, a tantísimo ganapán, como anda inscrito en los batallones municipales, a punto de solicitar que nos sea concedido un tiempo de tregua batalladora. No valen ya intentos de justificación ni apelar a los buenos oficios del Gobierno cuando nos están comiendo vivos unos graciosos e inquietos ratones de rastrojo. Con la misma voz con que en tiempos, verdaderamente heróicos, gritamos para combatir las fuerzas invasoras de Napoleón, gritamos hoy: ¡O los topillos o nosotros!