Los principales factores son contaminación, sobrepesca y superpoblación
El hábitat de costa se pierde casi diez veces más rápido que la selva
Los resultados se traducen en la pérdida de diversidad biológica, recursos pesqueros y vidas
Las selvas tropicales sucumben a las talas y la especulación, y la comunidad internacional pone el grito en el cielo aunque no ponga remedio. En el caso de los ecosistemas marinos de costa la alarma ni siquiera ha saltado aún de los científicos y ecologistas a la ciudadanía y las administraciones. A pesar, dicen los expertos, de que la destrucción de las praderas oceánicas, arrecifes coralinos, marismas, manglares y demás hábitats costeros es entre cuatro y diez veces más rápida que la de las masas selváticas. De la debacle son culpables varios factores que se condensan en uno, la acción humana. En todo el mundo las regiones costeras concentran el grueso de la población estable y también buena parte de los 700 millones de turistas que recorren hoy los cinco continentes. España es un buen ejemplo, con el 44% de sus habitantes apiñados en el 7% de la franja litoral y zonas contiguas, más los visitantes que llegan en busca de sol y playa. La superpoblación somete al océano costero a tensiones insoportables. Edificación, construcción de infraestructuras, sobrepesca se unen a la contaminación por vertidos tóxicos y al aporte de sustancias como el nitrógeno, fósforo y materia orgánica procedentes no sólo de la actividad industrial, sino también de la producción alimentaria de explotaciones agrícolas y ganaderas. Este exceso de nutrientes -eutrofización- hace proliferar las algas y provoca procesos de hipoxia, falta de oxígeno que mata a la fauna y flora marina del área y es «prácticamente irreversible». La puntilla a este cuadro se la da otro efecto de la mano del hombre, el calentamiento global. «Son dos impactos superpuestos, hipoxia por aumento de nutrientes y por el aumento de la temperatura del agua, que se multiplicarán por cuatro en este siglo» si no se da marcha atrás, explicó Carlos Duarte. Biólogo marino y premio Nacional de Investigación 2007, coordinó ayer el III Debate sobre Biología de la Conservación organizado por la Fundación BBVA y la Estación Costera de Ses Salines (CSIC-Universidad de Baleares). Vidas Los especialistas convocados pusieron cifras al desastre. Las praderas de posidonia y otra especies oceánicas desaparecen a un ritmo anual de entre el 1,2% y el 10% , según las distintas regiones del planeta. Las marismas, a razón del 2% cada año, similar al declive de los bosques de manglar. Entre un 5 y un 9% de los arrecifes coralinos mueren cada año. Con ellos desaparece buena parte de la diversidad biológica de la zona, recursos pesqueros y, peor aún, «se pierden vidas humanas», recordó Duarte. Por si fuera poco, la degradación del litoral agrava el efecto de cambio climático.