Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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CIEN AÑOS CUMPLE PONFERRADA como ciudad en 2008. Ponferrada, que es la otra urbe de la provincia: la más pequeña del dúo, la menos prestigiosa, la más atlántica, la más brumosa, la más rural y no sé si la más presumida. Y, ahora, con mejor fútbol, lo que son las cosas. Cien años cumple Ponferrada, la ciudad de los bercianos; la que llevamos en el corazón. Nuestra pequeña Atenas, nuestra pequeña Roma. La Grecia es el castillo, aquella acrópolis donde hombres burdos y creyentes organizaron cosas que más bien me parecen poco recomendables. Porque la mezcla de espadas y cruces, disciplinas y cerrazones me repele. Tampoco me hace mucha gracia que Ponferrada busque su lugar en el mundo de las agencias de viajes amparada en esa parafernalia oscurantista de los rudos monjes de los mandobles. La Roma de Ponferrada es el resto de la zona vieja. Su Capitolio es la plaza del Ayuntamiento y su Foro Imperial la calle del Reloj. Y su Vaticano la plaza de la basílica de la Encina. Y las colinas de Roma reposan todas en el altozano del parque del Plantío. La Ponferrada mítica es esa, la Ponferrada de arriba. Ella fue la que alcanzó el rango de ciudadanía en 1908. Ella, la que urdió y defiende el bello mito y fe de la Virgen de la Encina, que a todos ampara, incluso a los que no andamos por los templos. Esa Ponferrada es la que vamos a celebrar ahora, en el año que empieza, urbe que era modesta en 1908, cuatro mil habitantes, la mitad analfabetos. Villa de comerciantes y campesinos, de pequeños funcionarios del ayuntamiento y de la cárcel, y algunos guardias y algunos militares retirados que vivían en chalets adornados con proyectiles. Ponferrada de 1908: pasó un aeroplano por la ciudad, que aterrizó incluso. Ponferrada de las mujeres con pamela y de algunos hombres con posibles. Ponferrada donde algunos locos escribían poemas, otros empezaban a jugar al fútbol y donde el tren tenía la estación por Matinot. Ponferrada de una larga procesión de obispos y sacerdotes de gala por entre las huertas, cantando la coronación de María. Ponferrada de 1908 que en nada se parece a la Ponferrada-100 de ahora mismo, con sus setenta mil habitantes incluyendo a los forasteros, ciudad que empieza a ser mestiza. Urbe plural de sentimientos, creencias, increencias y razas, conectada al mundo, y con autovías que todo lo acercan aunque falte la de Orense y mucho se nota; y aunque el AVE se retrase. Porque todo llegará y la ciudad será un punto más de Occidente, una mancha urbana y casi internacional donde jóvenes tatuados y doctorados en informática diseñarán el ferrocarril del Sinkiang o los efectos especiales de una producción de Hollywood. O un juego de rol en el que la Deportiva gane la Champions. Ponferrada de 1908 está entre nosotros, aún se la distingue bien. Y la otra, la de ahora, le tiene cariño a la antigua, también eso se nota. Y en este año que entra las dos ciudades podrán mirarse cara a cara. Descubrirse respetuosamente. Y la Ponferrada de ahora, la de los cristales y las grandes casas, la de los jóvenes aguerridos y ambiciosos, la de las mujeres universales y la de los niños que todo lo saben, encontrará el camino para mantener la identidad de la otra, de su pasado, de su historia humilde, de su estar en esta parte del mundo como siempre estuvo: siendo la casa de unos hombres, de unas mujeres, de unas familias, de unos ritos, de unos sueños, de unas palabras. En la Ponferrada de 2008 sonarán las voces que recorrían las calles de la urbe en 1908. Yo ahora escucho el ruido de aquel aeroplano. Creo que lo conducía un francés. Y su ruido se mezcla en la memoria de la ficción con las notas de la banda de música municipal. Ponferrada del Sil¿

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