El entorno familiar encubre a los padres y tutores como culpables
La trata de menores, entendida como explotación infantil de cualquier tipo, laboral, sexual u otras, tiene en España un perfil propio. Como en otros países ricos, el abuso no viene tanto de redes y mafias organizadas como del propio entorno familiar. Los casos más frecuentes detectados por las fuerzas de seguridad son los de padres y tutores que pervierten su función y convierten a los menores en máquinas de hacer dinero, con su cuerpo, mendigando o con trabajos impropios de su edad. En el mapa de este tipo de delitos destacan todo el arco mediterráneo y Andalucía, y «suelen solaparse con otras modalidades de delincuencia», relató José Luis González Álvarez, psicólogo de la Unidad Técnica de Policía Judicial de la Guardia Civil. La trata de seres humanos no está recogida en un único tipo en el Código Penal, lo que a veces complica su persecución legal, aunque las conductas delictivas como la explotación laboral, la mendicidad forzosa o el comercio sexual quedan recogidas en distintos artículos. España tampoco ha ratificado los convenios contra esta lacra y organizaciones como Save the Children reclamaron ayer su adhesión.