CRÉMER CONTRA CRÉMER
Día Internacional de la Mujer
BIEN LLEGADO SEA este día conmemorativo, a través del cual, la Mujer, convertida en miembro activo de la sociedad mueve y promueve los distintos procesos que la incluyen entre los seres más activos y decisivos de nuestra hora. Hasta tal punto esta idea puede sostenerse que cabe asegurar que tal como están las cosas y el futuro que se nos anuncia, lo que la mujer no mueve acaba muerto por el mal de inanición o sea por la quietud derivada de la pereza. El programa que la mujer ha establecido para cubrir el programa leonés, abarca una lección generosa, por la cual cabe desprender múltiples actividades reivindicativas: la mujer es la principal de nuestras víctimas y conviene entender cuales son sus ideas, sus necesidades y sus ambiciones. En el cómputo de iniciativas apuntadas para cubrir el expediente festivo o conmemorativo legionense aparecen actos de bien trazado diseño y de buena factura social, aunque también, que todo hay que decirlo, sugestiones que más bien amenazan con convertirse en frivolidades, tal, por ejemplo, y sin que sea motivo de disputa, la sección dedicada al «graffiti», que es una forma como otra cualquiera de aprovechar ocasiones públicas para ir transformando las pareces en encerados para la demostración de un modo como otro cualquiera de ejercer el arte de la calle. Al mismo tiempo, como complemento o como fundamento de las tendencias de la mujer en esa hora confusa y variopinta en la que estamos, la mujer en lucha no olvida su compromiso cultural amplio y exigente o su específica manera de matar sus pulgas. La mujer, en este día convulso en el cual se aportan hechos de tan anchas resonancias políticas como deben ser las elecciones o la desaparición de un personaje tan significativo y en cierto modo ejemplar como el Fidel cuando, la mujer promueve movimientos que quieren significar un cierto estado de incomodidad social, una forma clara de manipulación de los derechos que corresponden al ser humano, sea este masculino, femenino o neutro, y sobre todo está en situación de promover estados de opinión que obliguen a los varones mandones exclusivos a variar la dirección de sus vientos y por tanto de sus vuelos. La mujer está dispuesta a anotar los aspectos de su pelea a brazo partido por un puesto al sol y no cesará jamás en ello aunque el conjunto dominante se obstine en estimarla como un signo para alusiones líricas. La mujer se siente disminuida y sobre todo desdeñada, condenada, de una forma o de otra, a la función de complemento del varón. Y no es eso, no es eso, precisamente en tiempos y lugares como los que se cierran sobre la sociedad reivindicativa, que se esfuerza por imponer su norma, su estilo y también su talante. Sí, el talante femenino, que aspira a ser entendido como ser humano digno de todas las atenciones, respetos y garantías y no como esa mención macabra de cada día en que parece obligada la presencia de una mujer desdeñada o mal tratada, para obligarla precisamente a echarse a la calle para imponer su ley. Está sonando la hora de la mujer por todas las campas del mundo. Y que ningún macho bravío se atreva a discutir ahora el derecho de la mujer cuando disputa su derecho a ser libre, porque habría que aplicar aquel descarado derecho al que se refería la actriz Victoria Abril: «El día que el hombre censure sus balas, yo censuraré mi culo».