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MYANMAR se llama ahora lo que antes conocimos por Birmania y a Rangún le dicen hoy Yangon, pero el sitio es el mismo, la gente es la de siempre y las religiones ancestrales, dioses muy antiguos. A nosotros los birmanos nos importan un bledo, por más lágrimas de cocodrilo que destile estos días el telediario de la catástrofe o las cuentas bancarias de la industria de la caridad solidaria. Aquí estamos hocicados a lo nuestro y lo birmano nos queda lejos, muy lejos, en las antípodas de nuestras cuitas, en un lugar exótico en modos y miradas, enigmático en creencias o políticas y enclaustrados sus paisajes en el origen de los tiempos, allá cuando los cataclismos. De Myanmar no conozco casi nada fuera de lo que te chiva Internet y de la vieja Birmania no más que el forro o pellejina, lo que cuenta algún turista con anteojeras y dos datos interesantísimos. Uno: está situada entre lo chino, lo hindú y lo tailandés sin ser ni una cosa ni otra, pero siéndolo todo a la vez; y dos: la cultura birmana acepta y reconoce la existencia de doscientos mil dioses, ¡200.000!, que puestos en el aire nublan cualquier sol; y esto quiere decir que allí cada cual podía creer en el dios que le petara sin que por ello el vecino o el resto de gentes se ofendiera, se opusiera o maliciara, ya que por principio de creyente a todo dios se le debe respeto y hasta reverencia aún no siendo el propio... ¡200.000!... Llevan siglos coexistiendo. En esto debe sustanciarse esa pacífica rebelión democrática que sostiene Suu Kyi, una liviana mujer que reviste su coraje de una mirada seria y bondadosa que impone concordia (es premio Nobel de la Paz y la tienen encarcelada en su domicilio los dictadores cuarteleros que llevan desde 1962 tapando bocas, tocando a queda y matando a oscuras; o saqueando a los muertos y la ayuda internacional como cuentan las últimas noticias). Sabemos también que el año pasado hubo manifestaciones encabezadas por monjes budistas (les molieron) o que desde los noventa la dictadura militarona ya ni hace simulacros electorales porque pierde hasta los pucherazos más obscenos (ahora se inventó un referéndum constitucional para este sábado que no quieren suspender, aunque la vieja sonrisa muerta del país tenga ahora además un sudario encima y lluevan lodos y muertos amañados en el censo funerario).

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