CORNADA DE LOBO
De cebra
TESIS doctoral sobre fauna urbana pilla quien se ponga junto a un paso de cebra, observe, anote y clasifique. Todo el animalario humano cruza por allí donde el peatón tiene prioridad y la ley por el mango. También lo cruzan otros animales al volante, pero sobre ellos ya se han hecho muchas tesis que no logran explicar por qué mata o se matan. Pero el peatón es el tema; y su santuario, la cebra pintada. Cruzan aquí los chorlitos piquilocos , rapacería aloriada, saltan a carrera o a su bola, aturdidos de oreja con cascos o vacilando con otros chorlitejos . Cruza el lirón careto legañoso , viejecito él, paseante por decreto, atolondrado y gastado de oreja o vista entrando al paso sin encomendarse a dioses ni a diablos (es carne de estadística). Abundante aquí es la población de urraca , llamada pega , habitualmente en pareja, sujeta al suyo que va de valiente al entrar en la pintura, le reprende, le riñe y él replica poniéndose urraco y farruco, ¿no ves que es un paso de cebra?, y tira palante echando ojos furibundos al coche parado y otro reojo picudo a la propia (que por ser urraca, el pajarón más receloso de esta fauna, sobrevivirá al suyo). Tiene subespecie, el urraco chillón , que anda sin prisas y aguarda a que se acerque un coche para arrojarse de improviso a su sagrado derecho blandiendo una cacha, jurando muecas y maldiciendo al atónito automovilista. Está después la garza cogolluda; tras reojo fugaz, cruza mirando al frente y pidiendo miradas en su pasarela, que no paso, pues para cebra, ella. La grulla piquirraja vuelve de la compra, va con otra enhebrada en charla rajada de gran detalle atropellado y puede pararse en la mitad con un ¡qué pasa! desplantado... El marmoto culibajo cruza, sin embargo, al bies, desde dos metros antes. El somormujo empenachado le entra a la suerte agüevadillo al principio, pero sintiéndose seguro, ralentiza la marcha y cruza la cosa ceremonialmente con paso de boda como diciendo jódete y exaspérate, que soy el vizconde del Código. Asombra, finalmente, la alondra tolondra con cochecito de bebé; presta mucho cuidado al cruzar estos pasos, mirara arriba y abajo hasta tres veces, pero para ello ha tenido que meter al coche del crío metro y medio en la calzada, en su sagrado derecho, pero también en su patíbulo.