CRÉMER CONTRA CRÉMER

La Fundación Vela Zanetti, condenada a desaparecer

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VICTORIANO CRÉMER
León

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DESDE LOS PRIMEROS PASOS dados con ilusión, se observó que pese a todos los buenos pronósticos y la gente de buena voluntad que se aprestó a servir de señal para comenzar la ruta, lo cierto, lo evidente era ya, desde sus primeros pasos, que aquello no podía durar. Se enredaban demasiados poderes y se entremezclaban elementos llegados con el viento, que el más apasionado, que era, naturalmente, el propio pintor objetivo de la asociación, que se pretendía, no podía resistir demasiado. Quizá fuera el excesivo amor del padre de la criatura, el Vela Zanetti, esforzado, heroico y errante, el que, por cuidar el patrimonio, acabó por vulnerar las esencias de toda fundación que pretenda prosperar y transmitir su apasionado mensaje. A fuerza de cubrir la espléndida, si que también desconcertada colección, nutricia de la sociedad con la que pretendía rendir tributo de admiración y señal de homenaje, la fundación perdió agilidad, verdad y fuerza de comunicación que era o debiera haber sido el motivo principal de la puesta en marcha de tantos, tan valiosos y tan decididos miembros del patronato que se nombrara y que debiera haber servido no ya de vigilante de un fondo de declarada lucidez y de futuro permanente, sino quizá, sobre todo, de promoción y proclamación de valores reales al alcance de un público ansioso de conocer la entraña viva de aquel leonés de corazón, que anduvo perdido y perseguido por mucho lejanos países y que sonó en todos los momentos de su agitada vida, con alcanzar el fin glorioso que se había propuesto en León, su patria adoptiva. En Burgos le habían nacido, y en León le dieron vida y le prestaron alas para alcanzar la caza perseguida. No pudo ser y no cabe duda a nadie del lamentable fin. Quizá todos tuviéramos parte de responsabilidad, unos por falta y otros por exceso y no nos corresponde sino lamentar nuestra pereza. Porque si bien Vela no era, no fue, el pintor genial que todos deseábamos tener en nuestro Museo-Fundación del Corral de Villapérez, habíamos logrado rescatar un puñado de obras tan dignas como las más señaladas en los catálogos del mundo. Su firma y su estilo habían alcanzado lugares superiores y en León, al fin, se había formado un conjunto de hombres bien dispuestos para contener un signo, el de Vela Zanetti, que muy bien podía servirnos de bandera estética. No pudo ser. Quizá porque no fuimos los colaboradores que exigía tan apasionante aventura. Y llegado el momento de la total declinación de atenciones fundadoras, la Diputación Provincial, acaso por ser el postrer organismo con voluntad y generosidad de servicio a León, decidió renunciar a la tutela, (si es que existió), de la Fundación Vela-Zanetti, y dejar que los notarios de nuestra pereza y extravío, den cuenta legal de la tristeza que a la ciudad de León cubre de lutos, por la apatía y la frialdad con que clausura una de las iniciativas de más hondura y calidad de cuantas se hayan podido acoger a lo largo de la historia. No pudo ser como en tantas ocasiones sucede. Y no cabe sino lamentar nuestra desidia. Quizá porque León y yo, diríamos, somos así, señores¿

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