Diario de una aventura Desafío extremo Sudáfrica (2)

Y ahora, a buscar tiburones

Imaginaros el panorama: la barca moviéndose como loca, olas gigantes por todas partes, el mar negro, casi sin visibilidad, el agua muy fría, y debajo tiburones...

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Jesús Calleja
León

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Después de ésta mi primera experiencia con tiburones en cautividad, al día siguiente hemos viajado a Ciudad de Simón, donde hemos alquilado una casa junto al mar, y desde aquí haremos salidas en barcos a diferentes localizaciones para bucear con otros tiburones antes de enfrentarnos al gran blanco. Esto requiere de diferentes inmersiones para ir cogiendo confianza con estas bestias depredadoras. Tengo la grandísima suerte de estar junto a este equipo, que son como máquinas. A Karlos Simón le he rebautizado como Geiperman, pues tiene un cuerpazo como una mula. De su bíceps saldría un cuerpo completo mío. A Óscar también le llamo Hidroman, por su pedazo de calvicie que él se encarga de pelar con la maquinilla de afeitar, y como ya es por naturaleza de formas redondeadas, le va ni que al «pelo» este nuevo nombre. A María la llamo Cool Woman, porque ya la vimos en el Polo Norte: nunca tiene frío; es pequeña pero matona. Hoy por la mañana nos hemos llevado un chasco al mirar por la ventana y descubrir un día de perros, lloviendo, con vientos muy fuertes y mala mar, además del frío que hace porque aquí es pleno invierno. Lo primero que hicimos es ir a Internet y consultar la predicción meteorológica y para más desgracias el mal tiempo durará al menos casi una semana. Se ha metido una borrasca procedente de la Antártida con vientos de 65 kilómetros hora, olas de 6 metros, lluvias intensas, aviso de inundaciones en tierra, y mar arbolada y de fondo. «Ideal» para bucear y sobre todo para buscar tiburones. Me sentí aliviado pues pensé que no haríamos nada con este día, pero «los súper héroes» decidieron que bucearíamos a pesar de todo y ni cortos ni perezosos se pusieron en marcha. Primero al club de buceo, después cogimos la barca de goma alquilada con un tipo que la maneja, que es igual que un tiburón martillo de aspecto, y nos fuimos a una pequeña cala, donde soltamos el barco, y nos pusimos a navegar en un mar horrible. Me tomé dos biodraminas para no echar «la pela», y pobre de Emilio que se quedará esperándonos en la barca con olas enormes que pasan a veces de lado a lado. Emilio sí que es un héroe. Imaginaros el panorama que tenía por delante: la barca moviéndose enloquecida, olas gigantes por todas partes, el mar negro, casi sin visibilidad, el agua muy fría, y debajo tiburones, aunque no el blanco. Con esas condiciones nos pusimos nuestros equipos, que para estos climas fríos son trajes estancos, a los que no les entra el agua, aunque son un poco más complicados de utilizar. ESCRIBE: Siga la aventura en: www.jesuscalleja.es

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