CORNADA DE LOBO
Gatillazo
MAGNÍFICO semental, todo un toro frisón de cuatro kilos y medio en el paquete testicular, infatigable en la monta, infalible preñando, un tesoro impagable para su dueño, toda una celebridad provincial... la órdiga en verso era ese toro. La prole de jatos engendrados admiraba por su redondez de remos; y las jatas ya son consideradas en el lugar como algo que jamás se vió al estar llamadas a garantizar una producción de dos cántaras de leche al día. Sin embargo, el problema planteado en aquella villa, la más ganadera de toda la montaña, era la alta tasa por monta que cobraba el dueño de aquel soberbio semental; a doscientos euros salía el cuete, algo más de lo que clavan dos pilinguis finas con champán francés. Los ganaderos empezaban a cansarse de peajes tan altos. Cinco años llevaban pasando por estas horcas. La verdad es que la raza y vigor de la bestia lo valía, pero tanto coste incomodaba, de manera que la junta de ganaderos se dirigió al ayuntamiento del lugar para que negociara la compra con el dueño del semental y establecer así un servicio muncipal de monta a costes razonables o, incluso, gratuítos. Los ganaderos demostraron al alcalde que era una inversión necesaria y a muy rentable. Se negoció la compra. El dueño se subió a un guindo, primero, y después a un chopo, viendo tanto interés y conociendo el valor real de aquel torazo. Para alcanzar la suma, los ganaderos aportaron también lo suyo. Y se compró el bicho. Gran alborozo en el pueblo: el resto de los pueblos de la provincia tendrían que venir ahora con sus vacas al semental municipal. Habilitaron un prado primoroso con su cobertizo para la monta. Y empezaron a llevar sus vacas los lugareños y extraños. Pero, incomprensiblemente, el toro no cubría a ninguna, se inhibía, rehusaba, ni echaba reojo a las tentadoras vacas que le ponían delante. Chasco. Perplejidad. Mosqueo. Y cabreo. Una desdeñada vaca le increpó a un semental «pero ¿no eras tú aquel toro infatigable que echaba veinte manteacaos al día y jamás fallaba?, ¿qué te ocurre?», a lo que el toro respondió «absolutamente nada, sólo que ahora ahora soy funcionario municipal». Bueno, pues con el oso «Furaco» que cedió Cantabria a Asturias, tres cuartos de lo mismo. Ye funcinariu.