Diario de León
Pedro García Trapiello

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EXISTEN otros mundos, pero están en este; existe el infierno, pero no está lejos si se llevan veinte mil litros de queroseno en las alas. Por soberbia, Ícaro se precipitó ardiendo en plumas... ¿y ese avión de Barajas que achicharró todo en un fuego apocalíptico?... ¿por qué se le llama terminal a una estación aeroportuaria?... Ciento cincuenta muertos es una pirámide inabarcable de dolor negro, un atraganto en la boca del ogro de la tragedia. Pero uno a uno, esa misma cifra de calcinados en cualquier cuneta de estas carreteras voraces no son nada ni pasan ya de gacetilla a titular. ¿Por qué es más noticia el improbable accidente de un avión que la fatalidad segura que sangra cada día en el asfalto?... ¿Es más peligroso un aeropuerto o la carretera que conduce a él?... No le cuentes esto a los que aguardan noticias en el recinto ferial de la muerte, feria que Dante no imaginaría y de la que leva anclas la barcaza gigante de Creonte que se lleva a los suyos al último destino. Esperan angustiados mordiéndose los puños a que les digan, al menos, cual es el féretro al que tienen que abrazarse. ¿Dónde esta mi madre?... ¿quién es mi hermano?... El infierno que abrasó a toda esa pobre gente arde ahora en las cabezas de sus familias y amigos, arden preguntas y culpas, arden lágrimas y arden blasfemias, se hacen humo las respuestas... maldecirán toda su vida ese día y su hora fatal. Hacía unos instantes que les habían despedido con un abrazo o por el móvil. La última cara que les vieron fue de dicha, quizá por volar a una vacación merecida prometiéndose volver con regalos y perdones , quizá de trabajo o de regreso... a la nada. Nos ponemos en el pellejo de los que lloran y nada consuela, nada explica. Tras negarse lo ocurrido, la ira les inunda. Sólo un abrazo de hierro, silencio y cuna les contiene el dolor sublevado... y el culparse. «Cuando lloramos, nunca lo hacemos por lo demás; lloramos por nosotros mismos»... por no haber podido hacer nada que evitara esa fatalidad, por no haber resuelto una deuda con quien repentinamente es arrabatado por la tragedia... porque nos abandonan sin pedirnos permiso. Y aquí ya no es sólo la muerte; es el cómo, el cuerpo hecho brasa, el holocausto, completamente (olon) quemado (causton), sacrificio ritual.

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